agosto 29, 2014

"Quem tem medo de Marina?", por Bruno Cava Rodrigues

PICICA: "A polarização entre PT x PSDB acabou de vez. Não só politicamente. O imaginário esgotou. As velhas demarcações perderam poder de mobilizar. Os esquemas tão válidos em 2010, 2006 e 2002 se dissolveram. Daqui pra frente, quem insistir nos mesmos esquemas mentais pode acabar reduzido a guetos, perdendo a capacidade de afetar e ser afetado."

Marina Silva

A polarização entre PT x PSDB acabou de vez. Não só politicamente. O imaginário esgotou. As velhas demarcações perderam poder de mobilizar. Os esquemas tão válidos em 2010, 2006 e 2002 se dissolveram. Daqui pra frente, quem insistir nos mesmos esquemas mentais pode acabar reduzido a guetos, perdendo a capacidade de afetar e ser afetado.

As manifestações de 2013 exprimiram o desejo por uma polarização diferente. Fissuras se abriram e gases que vinham se condensando vazaram sob alta pressão em muitos sentidos. A nuvem agora chegou nas eleições e paira sobre a cabeça de Marina. Ela não é causa, está sendo atravessada. O dissenso é tão agudo que, a não votar ou votar nulo, preferem perturbar o sistema político representativo com uma candidata claramente indesejada. E quanto mais aecistas e dilmistas se insurgem mobilizando os velhos argumentos e esquemas, mais Marina se fortalece, porque o voto nela se apoia justamente no fato dela ser indesejada, dela gerar crise e mexer com as certezas. E quanto mais aparecerem ataques que Marina tem “cara de empregada”, ou que é mulher, negra, acriana e evangélica, mais ela se fortalece.

A situação lembra aqueles filmes de ficção científica: as tentativas desastradas de evitar que um futuro indesejado se realize acabam desencadeando a sequência de acontecimentos que o confirmam. Então não adianta culpar Marina agora. A responsabilidade pelo fracasso iminente da candidatura Aécio e os dias difíceis que virão pra de Dilma é deles próprios, que não souberam ouvir junho de 2013, perderam a capacidade de acompanhar as transformações da sociedade, não conseguiram renovar as instituições.

Mas Marina não é o centro de gravidade desse fenômeno gasoso. Se não souber relacionar-se com ele, pode ser expelida tão rápido quanto foi atravessada. Marina não é o Podemos, o novo partido espanhol, cujo antagonismo ao sistema político se baseia em círculos autônomos locais, redes do 15-M e núcleos de formulação política. Porque resolver a campanha por “cima” é fácil: que grande empresário ou grupo de interesses não quer financiar uma campanha com chances de vitória? Financiam várias.

Vivemos um momento de grande reorganização, que vai muito além das eleições ou de Marina, um tempo de transição para modular a escuta e ampliar a força dos movimentos. Essa percepção já vinha sendo compartilhada em vários espaços de discussão, e se confirma de novo. Os mais jovens, menos patrimoniais em seus gostos e artigos de identidade, não mostram nenhuma relutância em deixar velhos símbolos e ídolos de lado, em busca de possíveis novos.

Vão se isolar aqueles que se encastelarem em símbolos e termos antigos da disputa, que não se engajarem na construção das alternativas a uma representação esgotada. Muitas pessoas estão embarcando noutra coisa e querem, sim, fazer outra política.

Fonte: Quadrado dos Loucos

"Vídeo: Chomsky e Foucault num debate incomum" (Blog da Redação)

PICICA: "Em 1971, na TV holandesa, eles dialogam sobre pontos de vista distintos (e às vezes opostos) a partir dos quais questionavam idéias hegemônicas nas sociedades capitalistas"


Vídeo: Chomsky e Foucault num debate incomum

 

Em 1971, na TV holandesa, eles dialogam sobre pontos de vista distintos (e às vezes opostos) a partir dos quais questionavam idéias hegemônicas nas sociedades capitalistas

Fonte: Blog da Redação

"Entrevista a Michel Foucault: Sexo, Poder y Política de la Identidad", por B. Gallagher y A. Wilson

PICICA: "La posibilidad de usar nuestros cuerpos como una fuente posible de numerosos placeres es algo que resulta muy importante. Por ejemplo, si observamos la construcción tradicional del placer, constatamos que los placeres corporales o placeres de la carne tienen siempre su origen en la bebida, en la comida y en el sexo. Y eso parece ser el límite de nuestra comprensión de nuestro cuerpo, de nuestros placeres. Lo que me frustra, por ejemplo, es que se enfoque siempre el problema de las drogas exclusivamente como un problema de libertad y prohibición. Pienso que las drogas deben convertirse en un elemento más de nuestra cultura."

Por B. Gallagher y A. Wilson 
(Toronto, junio de 1982)




En tus trabajos sugieres que la liberación sexual consiste menos en la revelación de verdades secretas acerca de uno mismo o su deseo que en un elemento del proceso de definición y construcción del deseo. ¿Cuáles son las consecuencias prácticas que se derivan de esta distinción?

Lo que quise decir es que, a mi juicio, lo que el movimiento gay necesita ahora es mucho más un arte de vivir que una ciencia o conocimiento científico (o pseudocientífico) de lo que es la sexualidad. La sexualidad forma parte de nuestro comportamiento. Forma parte de nuestra libertad en este mundo. La sexualidad es algo que nosotros mismos creamos  es nuestra propia creación y no el descubrimiento de un lado secreto de nuestro deseo. Tenemos que entender que con nuestros deseos, a través de nuestros deseos, podemos establecer nuevas formas de relaciones, nuevas formar de amor, nuevas formas de creación. El sexo no es una fatalidad: es una posibilidad de vida creativa.

Eso es básicamente lo que concluías cuando sugerías que deberíamos tratar de devenir gays — no limitarnos a reafirmarnos como gays.

Sí, así es. No tenemos ninguna necesidad de descubrir que somos homosexuales.

¿O incluso lo que eso quiera decir?

Exactamente. Más bien debemos crear una vida gay. Devenir gays.

¿Y esto es algo que no tiene límites?

Así es, por supuesto. Pienso que cuando uno examina las distintas maneras en que la gente ha experimentado sus propias libertades sexuales la manera en que han creado sus obras de arte es preciso concluir que la sexualidad, tal como la conocemos en la actualidad, se ha vuelto una de las fuentes más creativos de nuestra sociedad y nuestro ser. Desde mi punto de vista considero que hay que entender la sexualidad de manera opuesta: el mundo considera la sexualidad como el secreto de toda vida cultural creativa; pero es más bien un proceso que se inscribe en la necesidad de crear una nueva vida cultural bajo el suelo de nuestras elecciones sexuales.

Hablando prácticamente, uno de los efectos de este intento de revelación ha significado que el movimiento gay ha permanecido en el nivel de la demanda de derechos civiles o de derechos humanos alrededor de la sexualidad. Es decir que la liberación sexual ha permanecido en el nivel de la demanda de tolerancia sexual.

Así es, pero se trata de un aspecto que debemos respaldar. De entrada, es importante tener abierta la posibilidad y el derecho de elegir tu propia sexualidad. Los derechos humanos relativos a la sexualidad son importantes y siguen sin ser respetados en muchos lugares. No podemos considerar que tales problemas están resueltos ya. En efecto es cierto que ha habido un proceso de liberación real en los años 70. Este proceso fue bastante bueno, tanto en términos de la situación como en términos de las opiniones, pero la situación no está completamente estabilizada. Considero que debemos dar todavía un paso más lejos. Creo que uno de los factores de esta estabilización será la creación de nuevas formas de vida, relaciones, amistades en la sociedad, en el arte y en la cultura, así como a través de nuestras elecciones sexuales, éticas y políticas. No solamente tenemos que defendernos a nosotros mismos, o afirmarnos como una identidad, sino como una fuerza creativa.

Mucho de lo que dices suena a lo que, por ejemplo, el movimiento de las mujeres ha hecho, intentando establecer su propio lenguaje y su propia cultura.

Bueno, no estoy seguro de que debamos crear nuestra propia cultura. Debemos crear cultura. Debemos realizar creaciones culturales. Pero, al hacerlo, nos encontramos frente al problema de la identidad. Desconozco lo que debamos hacer para formar estas creaciones, y desconozco las formas que estas creaciones tomarán. Por ejemplo, no estoy del todo seguro de que la menor forma de creaciones literarias para la gente gay sean las novelas gays.

De hecho, jamás hubiéramos pretendido decir eso. Eso estaría basado en un esencialismo que debemos evitar.

Ciertamente. ¿Qué queremos dar a entender, por ejemplo, con "pintura gay"? No obstante, estoy seguro de que desde el punto de partida de nuestras elecciones éticas podemos crear algo que en cierto modo tendrá una relación con la homosexualidad. Pero no debe ser una mera traducción de la homosexualidad en el campo de la música o la pintura o lo que sea, porque no creo que esto pueda ocurrir.

Qué opinión tienes de la enorme proliferación, en los últimos diez o quince años, de las prácticas homosexuales masculinas: la sensualización, si así lo quieres, de ciertas partes descuidadas del cuerpo, o la articulación de nuevos placeres? Estoy pensando, evidentemente, en los aspectos más destacados de lo que llamamos el gueto  cine porno, clubs para S&M, fist-fucking, etc. ¿Se trata de una simple extensión dentro de otra esfera de la proliferación general de discursos sexuales desde el siglo XIX, o ves otros tipos de desarrollos que son peculiares a este contexto histórico presente?

Bueno, creo que de lo que nos interesa hablar más es de las innovaciones que llevan consigo esas prácticas. Por ejemplo, consideremos la subcultura S&M, como nuestra buena amiga Gayle Rubin insitiría. No creo que este movimiento de prácticas sexuales guarde alguna relación con la revelación o el destape de tendencias S&M escondidas en lo profundo de nuestro inconsciente, etc. Yo creo que el sadomasoquismo es mucho más que eso; es la creación efectiva de nuevas posibilidades de placer, de las cuales la gente no tenía ninguna idea previamente. La creencia de que el S&M guarda relación con una violencia profunda, de que su práctica es un medio para liberar esa violencia o agresión es estúpida. Sabemos muy bien que todo lo que está haciendo esa gente no es agresivo; están inventando nuevas posibilidades de placer haciendo uso de ciertas partes desconocidas de su cuerpo — a través de la erotización del cuerpo. Considero que se trata de una suerte de creación, una empresa creativa, que tiene como una de sus características principales lo que yo llamo la desexualización del placer. La creencia de que el placer corporal procede siempre del placer sexual como la raíz de cualquier placer posible — considero que eso es algo completamente falso. Esas prácticas insisten que podemos producir placer a partir de objetos raros, de partes desconocidas de nuestro cuerpo, en circunstancias nada habituales, etc.

De modo que la equiparación entre placer y sexo está superada.

Exactamente. La posibilidad de usar nuestros cuerpos como una fuente posible de numerosos placeres es algo que resulta muy importante. Por ejemplo, si observamos la construcción tradicional del placer, constatamos que los placeres corporales o placeres de la carne tienen siempre su origen en la bebida, en la comida y en el sexo. Y eso parece ser el límite de nuestra comprensión de nuestro cuerpo, de nuestros placeres. Lo que me frustra, por ejemplo, es que se enfoque siempre el problema de las drogas exclusivamente como un problema de libertad y prohibición. Pienso que las drogas deben convertirse en un elemento más de nuestra cultura.

¿Como fuente de placer?

Sí, como fuente de placer. Tenemos que estudiar las drogas. Tenemos que experimentar las drogas. Tenemos que fabricar buenas drogas que puedan producir un placer verdaderamente intenso, sin poner en peligro la vida del sujeto y sin perjudicar su salud. Pienso que el puritanismo prejuicioso e ignorante, pudibundo que nos pone en guardia de manera indiscriminada frente a las drogas un puritanismo que implica y obliga a estar a favor o en contra de ellas es una actitud errónea, un tratamiento equivocado de la cuestión. Las drogas se han vuelto en la actualidad un elemento de nuestra cultura, y de la misma manera que existe buena y mala música, hay buenas y malas drogas. Y, del mismo modo que no podemos decir que estamos “contra” la música, no podemos decir que estamos “contra” las drogas, sometiéndonos a personas pudibundas que no toleran que otros disfruten.

El objetivo entonces es experimentar con el placer y sus posibilidades.

Exacto. El placer debe también formar parte de nuestra cultura. Está en ella pero debe integrarse mejor en ella y no de manera vergonzante. Es muy interesante observar, por ejemplo, que, desde hace siglos, las personas en general y también los médicos, los psiquiatras e incluso los movimientos de liberación han hablado siempre de deseo, pero nunca de placer. “Debemos liberar nuestro deseo” afirman. ¡No! Debemos crear placeres nuevos, y entonces acaso surja el deseo y se engendren otros deseos.

¿Resulta significativo que algunas identidades se constituyan alrededor de nuevas prácticas sexuales tales como el S&M? Esas identidades favorecen la exploración de tales prácticas y contribuyen también a defender el derecho a entregarse a ellas. ¿Pero acaso no limitan también sus posibilidades de los individuos?

Veamos. Si la identidad es sólo un juego, si es sólo un procedimiento para favorecer relaciones, relaciones sociales y relaciones de placer sexual que crearán nuevos vínculos de amistad, entonces es útil. Pero, si la identidad se convierte en el problema fundamental de la existencia sexual, si las personas piensan que deben “revelar” su “propia identidad” y que su propia identidad ha de volverse la ley, el principio, el código de su existencia; si la pregunta que plantean continuamente es: “¿Esto está de acuerdo con mi identidad?”, entonces pienso que regresarán a una especie de ética muy próxima a la de la vieja virilidad heterosexual. Si debemos situarnos y pronunciarnos respecto a la cuestión de la identidad, debe ser una identidad de cada uno con nosotros mismos. Pero las relaciones que debemos mantener con nosotros mismos no son relaciones de identidad, deben ser más bien relaciones de diferenciación, de creación, de innovación. Ser siempre el mismo es realmente aburrido. No debemos descartar la identidad si a través de ella las personas encuentran su placer, pero no debemos considerar esa identidad como una regla ética universal erigiéndola en norma para todos.

Pero, hasta ahora, la identidad sexual ha sido muy útil políticamente.

Si, ha sido muy útil, pero nos limita, y pienso que tenemos —y podemos tener— un derecho a ser libres.

Queremos que algunas de nuestras prácticas sexuales sean prácticas de resistencia, en el sentido político y social. ¿Cómo es posible esto, sin embargo, cuando el control puede ser ejercido mediante el estimulo de placer? ¿Podemos estar seguros de que no se producirá una explotación de esos nuevos placeres a la manera en que la publicidad utiliza el estímulo del placer como instrumento de control social?

Nunca podemos estar seguros de que no habrá explotación. De hecho, siempre podemos estar seguros de que ocurrirá, y de que todo lo que se ha creado o adquirido, cualquier terreno que haya sigo ganado será, en uno u otro momento, utilizado de tal modo. Es consustancial a la vida, a la lucha y a la historia humana. Y no pienso que eso sea una objeción a todos esos movimientos o a todas esas situaciones. Pero usted tiene toda la razón al señalar que debemos ser muy cuidadosos, y estar al tanto del hecho de que hemos de seguir adelante, pasar a otra cosa, plantearse otras necesidades. El gueto S&M de San Francisco es un buen ejemplo de una comunidad que ha experimentado con el placer y que ha formado una identidad alrededor de ese placer. Esta guetoización, esta identificación, este procedimiento de exclusión, etc., todas estas cosas han producido también sus contraefectos. No me atrevo a emplear el término dialéctica, pero no estamos muy lejos de ello.

Escribes que el poder no es sólo una fuerza negativa sino también una fuerza productiva; que el poder está siempre ahí; que donde hay poder, hay resistencia; y que la resistencia no se encuentra nunca en una posición de exterioridad frente al poder. Si esto es así, ¿cómo podemos llegar a otra conclusión que la que consiste en decir que estamos siempre atrapados en el interior de esa relación, una relación a la que no podemos, en cierta manera, escapar?

En realidad, no creo que la palabra atrapados sea la palabra correcta. Se trata de una lucha, pero lo que quiero decir, cuando hablo de relaciones de poder, es el hecho de que estamos en una situación estratégica unos respecto de otros. Por ejemplo, siendo homosexuales, estamos en una lucha con el gobierno, y el gobierno está en una lucha con nosotros. Cuando tenemos que vérnoslas con el gobierno, la lucha, por supuesto, no es simétrica, la situación de poder no es la misma; pero estamos juntos en esta lucha. Basta que cualquiera de nosotros se ponga por encima de otro, que las circunstancias o una determinada situación se lo permitan, y que esa situación no se corte, se prolongue, para que esta situación pueda determinar el comportamiento a seguir, o simplemente influenciar ese comportamiento o no comportamiento del otro. Así que no estamos atrapados, sino que más bien, a pesar nuestro, siempre estamos inmersos en ese tipo de situaciones, derivadas de la disimetría, más o menos real o imaginada, de las relaciones sociales. Lo cual significa que tenemos siempre posibilidades, que siempre hay posibilidad de cambiar la situación. No podemos saltar fuera de la situación, y no tiene sentido ubicarnos en un lugar en que seamos libres de cualquier relación de poder. Pero uno puede siempre cambiarla. Así pues, lo que he dicho no significa que estamos siempre de algún modo atrapados, sino, por el contrario, estamos siempre libres, siempre más libres de lo que podemos creer. En fin, en pocas palabras, que siempre tenemos de algún modo la posibilidad de cambiar las cosas.

¿La resistencia proviene pues del interior de esta dinámica?

Sí. Puede observar que si no hubiera resistencia no habría relaciones de poder; éstas consisten en forzar la resistencia del otro en el sentido en que le interesa al que detenta el poder de algún modo en una situación determinada. En caso contrario todo se limitaría simplemente a una mera cuestión de disposición y obediencia. Desde el momento en que el individuo no se halla en situación de hacer lo que quiere, está inmerso en, y se ve obligado a tener en cuenta, relaciones de poder, y deberá pasar por ellas, utilizarlas en sus actos. Así pues, la resistencia está primero, y permanece como superior a todas las fuerzas del proceso; obliga, bajo su efecto, a las relaciones de poder a cambiar. Así pues, considero que resistencia es la palabra más importante, la palabra-clave, de esta dinámica.

Políticamente hablando, el elemento más importante, quizá, cuando se examina el poder, es el hecho de que, según ciertas concepciones anteriores, “resistir” consistía simplemente en decir no. Es únicamente en términos de negación que se ha conceptualizado la resistencia. Tal como usted la comprende, sin embargo, resistir no es simplemente una negación, sino un proceso de creación; crear y recrear, cambiar la situación, participar activamente en ese proceso.

Sí, así es como yo plantearía las cosas. Decir no constituye la forma mínima de resistencia. Pero naturalmente, en ciertos momentos, es muy importante. Hay que decir no y hacer de ese no una forma de resistencia decisiva.

Eso suscita la cuestión de saber de qué manera, y en qué medida, un sujeto —o una subjetividad— dominado pueden crear su propio discurso. En el análisis tradicional del poder, el elemento omnipresente a partir del cual se funda el análisis es el discurso dominante, y las reacciones a ese discurso, o en el interior de ese discurso, no son sino elementos subsidiarios. Sin embargo, si por resistencia al interior de las relaciones de poder entendemos algo más que una mera negación, ¿acaso no podría decirse que ciertas prácticas —el S&M lésbico, por ejemplo— son de hecho la manera en que unos sujetos dominados formulan sus propios lenguajes?

Bueno, verás, yo pienso que la resistencia es un elemento de esa relación estratégica en que consiste el poder. La resistencia siempre se apoya, en realidad, en la situación contra la cual combate. Por ejemplo, en el movimiento gay la definición médica de la homosexualidad constituyó un instrumento muy importante para combatir la opresión de la homosexualidad a finales del siglo XIX y a comienzos del XX. Esta medicalización, que era un medio de opresión, siempre ha sido también un medio de resistencia, ya que las personas podían argumentar: “Si estamos enfermos, entonces ¿por qué nos condenan, por qué nos desprecian?”, etc. Por supuesto, este discurso nos parece ahora bastante ingenuo, pero, en esa época, fue muy importante.

A mi entender, también, creo que en el movimiento lésbico, el hecho de que las mujeres han sido, durante siglos y siglos, aisladas en la sociedad, frustradas, despreciadas de muchas maneras, etc., les ha proporcionado una verdadera posibilidad de constituir una sociedad, de crear un cierto tipo de relación social entre ellas, por fuera de un mundo dominado por los hombres. El libro de Lilian Faderman, Surpassing the Love of Men, es muy interesante en este sentido. Suscita una cuestión: ¿Qué tipo de experiencia emocional, qué tipo de relaciones, eran posibles en un mundo en que las mujeres en sociedad no tenían ningún poder social, legal o político? Y ella argumenta que las mujeres han aprovechado ese aislamiento y ausencia de poder.

Si la resistencia es el proceso que consiste en evadir ciertas prácticas discursivas, parecería que el caso que tiene un reclamo prima facie contestatario podría ser algo como el S&M lésbico.¿En qué medida esas prácticas e identidades pueden ser apreciadas como desafiantes al discurso dominante?

Lo que me parece interesante, en lo que concierne al S&M lésbico, es que permite desembarazarse de ciertos estereotipos de la feminidad que han sido usados dentro del movimiento lésbico — una estrategia que el movimiento lésbico ha erigido desde el pasado. Esta estrategia ha estado basada en su opresión, y el movimiento la utilizaba para luchar contra esa opresión. Pero ahora, es posible que esas herramientas, esas armas estén obsoletas. Podemos ver que el S&M lésbico trata de desembarazarse de todos los viejos estereotipos de la feminidad, de las actitudes antivarón, etc.

¿Qué te parece que es posible aprender sobre el poder, y, a propósito, sobre el placer desde la práctica del S&M — esto es, la erotización explícita del poder?

Puede decirse que el S&M es la erotización del poder, la erotización de las relaciones estratégicas. Lo que me sorprende con respecto del S&M es cómo ese poder difiere del poder social. Lo que caracteriza al poder es el hecho de que constituye una relación estratégica que ha sido estabilizada a través de instituciones. De modo que la movilidad al interior de las relaciones de poder está limitada, y existen reductos que son ciertamente muy, muy difíciles de surprimir porque han sido institucionalizados, y son protegidas por todo el aparato del Estado, y así su influencia es sensible como poder legislativo en los códigos normativos, como poder judicial y ejecutivo en los tribunales de justicia. Todo esto significa que las relaciones estratégicas entre los individuos en estos ámbitos institucionalizados se caracterizan por la rigidez que no contempla las singularidades del caso.

Al respecto, el juego S&M es muy interesante porque, aunque tratándose de una relación estratégica, es siempre fluido. Por supuesto hay roles, pero nadie ignora que esos papeles pueden ser invertidos. En ocasiones la escena comienza con el amo y el esclavo y, al final, el que era esclavo pasa a ser el amo. O incluso cuando los roles son permanentes, sabes perfectamente que se trata siempre de un juego: ya se transgredan las reglas, o exista un acuerdo, explícito o tácito, que las establece dentro de ciertos límites. Este juego estratégico como una fuente de placer corporal es muy interesante. Pero no diría que constituye una reproducción, en el interior de la relación erótica, de las estructuras de poder. Es un paso al acto [acting-out] de las estructuras de poder a través de un juego estratégico capaz de proporcionar un placer sexual o corporal.

¿De qué manera difiere esta relación estratégica en el sexo de aquella en las relaciones de poder?

La práctica del S&M consiste en la creación de placer, y hay una identidad que va con esa creación. Es por esto que el S&M es realmente una subcultura. Es un proceso de invención. El S&M es el uso de una relación estratégica como una fuente de placer (de placer físico). No es la primera vez que algunas personas han usado las relaciones estratégicas como una fuente de placer. Por ejemplo, en la Edad Media existió la tradición del “amor cortés”, con el trovador, la manera en que se instauraban las relaciones amorosas entre la dama y el amante, etc. Eso fue también un juego estratégico. Incluso encuentras esto los chicos y las chicas cuando salen a bailar el sábado por la noche. Ponen en escena relaciones estratégicas. Lo que es interesante es que, en la vida heterosexual, esas relaciones estratégicas preceden al sexo. Existen con el único fin de obtener sexo. En el S&M, por el contrario, las relaciones estratégicas forman parte del sexo, como una convención de placer en el interior de una situación particular.

En un caso, las relaciones estratégicas son relaciones puramente sociales, y es tu ser social lo que está implicado; mientras que, en el otro caso, es tu cuerpo lo que está implicado. Y es esta transferencia de relaciones estratégicas del/a corte(jo) [the court(ship)] al sexo lo que es particularmente interesante.

Mencionabas hace uno o dos años en una entrevista de Gai Pied que lo que más molesta de las relaciones gays no es tanto el acto sexual mismo como el potencial de que de que se desarrollen relaciones afectivas por fuera de los marcos normativos. Estos vínculos y amistades son imprevistos. ¿Piensas que lo que asusta a las personas sea el potencial desconocido de las relaciones gays, o sugerirías que esas relaciones son vistas como poseedoras de una amenaza directa contra las instituciones sociales?

Algo que me interesa actualmente es el problema de la amistad. En el transcurso de los siglos que siguieron a la Antigüedad, la amistad constituyó una relación social muy importante: una relación social dentro de la cual la gente disponía de cierta libertad, de cierto tipo de elección (limitado, por supuesto), así como de relaciones afectivas muy intensas. La amistad tenía también implicaciones económicas y sociales — estaban obligados a ayudar a sus amigos, etc. Pienso que, en los siglos XVI y XVII, vemos desaparecer esos tipos de amistades, al menos en la sociedad masculina. Y la amistad empieza a convertirse en algo distinto. Es posible encontrar, a partir del siglo XVI, textos que critican explícitamente la amistad como algo peligroso.

El ejército, la burocracia, la administración, las universidades, las escuelas, etc. —en el sentido moderno de estos términos— no pueden funcionar con amistades tan intensas. Pienso que se puede advertir, en todas estas instituciones, un esfuerzo considerable para disminuir o minimizar las relaciones afectivas. Pienso que esto es particularmente importante en las escuelas. Cuando inauguraron la escuela elemental, que acogía a centenares de chicos jóvenes, uno de los problemas que se planteaban era el de saber cómo podía impedírseles, no sólo que tuvieran relaciones sexuales, por supuesto, sino también que trabaran amistades. Por ejemplo, uno puede estudiar la estrategia de las instituciones jesuitas sobre este tema de la amistad, desde que los jesuitas comprendieron muy bien que les resultaba imposible suprimirla. Entonces trataron de utilizar el rol del sexo, del amor, de la amistad, y al mismo tiempo limitarlo. Pienso que ahora, después de haber estudiado la historia de la sexualidad, deberíamos intentar comprender la historia de la amistad, o de las amistades. Es una historia sumamente interesante.

Y una de mis hipótesis, y estoy seguro de que se confirmaría si emprendiéramos esta tarea, es que la homosexualidad se volvió un problema —es decir, el sexo entre hombres se volvió un problema— a partir del siglo XVIII. Vemos su surgimiento como un problema con la policía, dentro del sistema jurídico, etc. Pienso que la razón de que apareciera como un problema, como un asunto social, en esa época, es porque la amistad había desaparecido. Mientras la amistad fue algo importante, fue socialmente aceptada, nadie se percató de que los hombres tenían relaciones sexuales entre sí. No podía decirse que los hombres no tenían sexo juntos — simplemente no tenía importancia. Dado que no tenía ninguna implicación social, era culturalmente aceptado. Que cogieran o que se abrazaran o besaran no tenía ninguna importancia, absolutamente ninguna, resultaba irrelevante, completamente irrelevante. Una vez que la amistad desapareció como una relación culturalmente aceptada, se plantea la cuestión: “¿Pero que hacen hombres juntos?” Y en ese momento aparece el problema. Y si los hombres cogen o tienen sexo juntos, eso aparece ahora como un problema. Así, estoy seguro de que estoy en lo correcto, en cuanto a que la desaparición de la amistad como una relación social y la declaración de la homosexualidad como un problema social/político/médico forman parte del mismo proceso.

Si hoy en día lo importante radica en explorar de nuevo las posibilidades de las amistades, habría que observar que, en una gran medida, todas las instituciones sociales están designadas para favorecer las amistades y las estructuras heterosexuales, en detrimento de las homosexuales. ¿Acaso la verdadera tarea no es la de instaurar nuevas relaciones sociales, nuevos modelos de valores, nuevas estructuras familiares, etc.? Una de las cosas que la gente gay no tienen es un fácil acceso a todas las estructuras e instituciones que van a la par con la monogamia y la familia nuclear. ¿Qué tipos de instituciones necesitamos para empezar a establecer, a fin no sólo de defendernos, sino también de crear nuevas formas sociales que constituirán una verdadera alternativa posible?

Instituciones. No tengo una idea precisa de ello. Pienso, por supuesto, que sería completamente contradictorio aplicar con este fin y en este tipo de amistad el modelo de la vida familiar, o de las instituciones propias de la familia. Pero es cierto que, desde que algunas de las relaciones que existen en la sociedad son formas protegidas de vida familiar, se comprueba que las variaciones que no están protegidas son, al mismo tiempo, a menudo más ricas, más interesantes y más creativas que las otras. Pero, naturalmente, también son mucho más frágiles y vulnerables. La cuestión de saber qué tipos de instituciones necesitamos crear es un asunto importante y crucial, pero es una cuestión a la que yo no puedo dar una respuesta. Creo que nosotros tenemos que intentar elaborar una solución.

¿Hasta qué punto queremos, o necesitamos, que el proyecto de liberación gay sea hoy un proyecto que, lejos de contentarse con proponer un recorrido, insista en abrir nuevas avenidas? En otras palabras, ¿tu aproximación a la política sexual rechaza la necesidad de un programa e insiste en la experimentación de nuevos tipos de relaciones?

Pienso que una de las grandes experiencias que hemos tenido desde la última guerra mundial es que todas esos programas sociales y políticos han resultado un gran fracaso. Nos hemos dado cuenta de que las cosas no ocurrirían nunca tal como lo esperábamos de un programa político, y que los programas políticos han conducido siempre, o casi siempre, a abusos o a la dominación por parte de un bloque, bien sea de técnicos, burócratas u otros. Pero una de las novedades de los años 60 y 70 que considero como algo bueno, es que ciertos modelos institucionales han sido experimentados sin un programa. Sin un programa no quiere decir ciegamente  de manera ciega al pensamiento. En Francia, por ejemplo, ha habido mucho criticismo recientemente sobre el hecho de que los diferentes movimientos políticos sobre el sexo, las prisiones, la ecología, etc., no tuvieran programas. Pero, en mi opinión, no tener programa puede ser muy útil, muy original y creativo, si eso no quiere decir sin reflexión verdadera sobre lo que sucede, o sin preocuparse demasiado de lo que es posible.

Desde el siglo XIX, las grandes instituciones políticas y los grandes partidos políticos han confiscado el proceso de creación política; es decir que han tratado dar a la creación política la forma de un programa político a fin de apropiarse del poder. Pienso que lo que ocurrió en los 60 y a principios de los 70 es algo para ser preservado. Sin embargo, considero que una de las cosas que hay que preservar es el hecho de que ha existido, por fuera de los grandes partidos políticos, por fuera del programa normal u ordinario, innovación política, creación política y experimentación política. Es un hecho que la vida cotidiana de las personas ha cambiado desde comienzos de los años 60 hasta ahora, y ciertamente dentro mi propia. Y seguramente esto no ha sido así debido a los partidos políticos, sino que se trata de un resultado de numerosos movimientos. Esos movimientos sociales han transformado efectivamente nuestras vidas, nuestra mentalidad, nuestras actitudes, así como las actitudes y la mentalidad de otras personas  personas que no formaban parte de esos movimientos. Y esto es algo muy importante y positivo. Lo repito, no son las viejas y normales organizaciones políticas tradicionales las que han permitido este análisis.

http://artilleriainmanente.blogspot.com.ar/

Fonte: Lobo Suelto

"Entre Deleuze e a educação: notas para uma política do pensamento – Walter Omar Kohan" (Territórios de Filosofia)

PICICA: "Entre Deleuze e a educação. O assunto deste artigo é discutir o que está entre Deleuze e a educação. Que está “entre” significa que não corresponde estritamente a um ou a outra mas que, de alguma forma, diz respeito aos dois. De um lado, um acontecimento do pensamento filosófico, hoje localizável em livros, páginas da internet, cd-roms, fitas de vídeo, escritas em muros parisienses: o acontecimento Deleuze. Uma força vital na filosofia contemporânea. De outro lado, um dispositivo de práticas discursivas e não discursivas, livros, salas de aula, regras, leis, congressos, professores e professoras, alunos e alunas, quadros e quadras, giz, computadores, programas, matérias, ministérios, secretarias, explicações, relatórios, pesquisas, filmagens, avaliações … Quais movimentos podem surgir deste cruzamento? Que efeitos podem ser sugeridos? Que pode se passar entre estes dois domínios totalmente diferentes?"

 

Entre Deleuze e a educação: notas para uma política do pensamento – Walter Omar Kohan

Entre Deleuze e a educação: notas para uma política do pensamento.
Walter Omar Kohan.*
 

RESUMO – Entre Deleuze e a educação. O assunto deste artigo é discutir o que está entre Deleuze e a educação. Que está “entre” significa que não corresponde estritamente a um ou a outra mas que, de alguma forma, diz respeito aos dois. De um lado, um acontecimento do pensamento filosófico, hoje localizável em livros, páginas da internet, cd-roms, fitas de vídeo, escritas em muros parisienses: o acontecimento Deleuze. Uma força vital na filosofia contemporânea. De outro lado, um dispositivo de práticas discursivas e não discursivas, livros, salas de aula, regras, leis, congressos, professores e professoras, alunos e alunas, quadros e quadras, giz, computadores, programas, matérias, ministérios, secretarias, explicações, relatórios, pesquisas, filmagens, avaliações … Quais movimentos podem surgir deste cruzamento? Que efeitos podem ser sugeridos? Que pode se passar entre estes dois domínios totalmente diferentes?

 Palavras-chave: Deleuze, ontologia, política da educação.
Este é um texto deleuziano. Isto significa que ele é simpático ao filósofo francês Gilles Deleuze – estou pensando na etimologia grega da palavra simpá­tico (de syn - com – e pâthos - sentimento, sensação, sentido, experiência), então, de um pâthos comum, compartilhado –, simpático a um certo estilo de pensamento. Porém, este texto não é apenas deleuziano, na medida em que sê-lo       supõe necessariamente a afirmação de um outro estilo, a não reprodução de um estilo que rejeita as mesmidades e imitações. Trata-se de escrever na busca de vitalidade, alegria e energia para pensar a educação. Buscamos pensar a educa­ção com um pensar vital, alegre e enérgico, como o de Gilles Deleuze.

As linhas desta escrita são linhas de articulação e linhas de fuga, intensida­des, velocidades, movimentos que territorializam e desterritorializam o pensa­mento de Deleuze, a educação, e nosso próprio pensar. É uma escrita que acom­panha um pensamento instável, indefinido, inquieto, que vai e volta, que não pára, que busca pensar sempre de novo e, de novo, sempre pensar. A escrita é afim a um pensamento e inseparável de um devir. Esta é uma escrita sem introdução, desenvolvimento e conclusão; é uma escrita entendida como processo inacabado, como movimento constante; esta escrita não sabe onde vai chegar, mas sabe que não pode chegar a parte alguma porque não há onde chegar, porque o mais interessante sempre está no meio, nunca no início ou no fim. De modo que para mover-nos escrevemos e para escrevermos nos movemos.

O assunto que nos interessa está entre Deleuze e a educação. Não vamos sintetizar algo assim como o pensamento educacional de Deleuze não apenas porque não há tal pensamento mas, sobretudo, porque não nos interessa retratar o pensamento de Deleuze sob qualquer aspecto, como se ele fosse alguma coisa que estivesse já pronta, aguardando nosso olhar sintetizador. Isto faz parte, já o veremos, de um vício advindo de uma certa imagem do pensar: a mania pela recognição e pela representação. Em parte pelas mesmas razões também não buscamos “o verdadeiro Deleuze para educadores”, nem vamos analisar as eventuais implicações educacionais ou pedagógicas do pensamento de Deleuze. Também não faremos uma prática comum na pesquisa educacional: pegar algumas idéias ou categorias do pensamento de Deleuze e explorar sua produtividade em educação, valendo-nos delas para fundamentar ou sustentar uma “nova” teoria sobre a educação. Seria exagerada mente anti-deleuziano.

Repetimos. O nosso assunto está entre Deleuze e a educação. Que está “entre” significa que não corresponde estritamente a um ou a outra mas que, de alguma forma, diz respeito aos dois. De um lado, um acontecimento do pensa­mento filosófico, hoje localizável em livros, páginas da internet, cd-roms, fitas de vídeo, escritas em muros parisienses: o acontecimento Deleuze. Uma força vital na filosofia contemporânea. De outro lado, um dispositivo de práticas discursivas e não discursivas, livros, salas de aula, regras, leis, congressos, professores e professoras, alunos e alunas, quadros e quadras, giz, computadores, progra­mas, matérias, ministérios, secretarias, explicações, relatórios, pesquisas, filma­gens, avaliações … Interessa-nos perguntar o que pode acontecer entre um e outra. Faremos um recorte, marcaremos uma linha, que modificará um e outra. Quais movimentos podem surgir deste cruzamento? Que efeitos podem ser su­geridos? Que pode se passar entre estes dois domínios totalmente diferentes?

Buscamos algo assim como um devir Deleuze da figura do educador. Claro que devir nunca é imitar, copiar um modelo. Portanto não se deve entender que queremos que os educadores se tornem Deleuze ou que Deleuze se torne um educador. Os devires são sempre fenômenos de produção, numa dupla captura e dupla movimentação: muda quem devém e muda também aquilo no que devém. Não há algo no que devir, esperando no final do caminho. Não há que ser como Deleuze, pensar como ele. Não há nada a imitar. Há dois registros paralelos e linhas que atravessam esses dois caminhos e mudam as sendas e os que por elas caminham. Há educadores que encontram o acontecimento Deleuze de pen­sar e já não podem pensar como pensavam, educar como educavam, ser como eram. Este é um sentido importante e ambicioso desta escrita: transformar o modo em que pensamos, educamos e somos os que a produzimos e lemos.

Temos, então, que abandonar logo este início. Por onde começar. Parece aleatório. Talvez pela política. Guattari sugeria que antes do ser está a política. Deleuze, que na política está a gênese o pensamento e da filosofia. Sabia, pelo menos desde os acontecimentos que provocaram a queda do “socialismo real”, que o capitalismo não pode ultrapassar os próprios limites do capital e a univer­salidade do mercado. E que se o mercado produz riqueza e miséria, todos os Estados ditos democráticos estão comprometidos com a produção de miséria humana. O capitalismo como problema, o Estado como problema, a democracia como problema. Pensar a política a partir da produção de problemas que não estão nos aguardando e que precisam ser traçados. Eis uma permanente “preo­cupação” do pensamento político: a vontade de poder das maiorias, que não é questão de número mas de seguir um modelo e de negar a singularidade. Eis algumas perguntas de um pensamento político: como destacar os devires minoritários sem modelos e as linhas de fuga do controle contínuo e da comuni­cação instantânea? Como suscitar acontecimentos que escapem ao controle? Como resistir de forma afirmativa, sem renunciar à diferença?

A política é sintônica a uma ontologia que o próprio Deleuze chamou de empirismo transcendental. O empirismo é o reino da experimentação; a negação de qualquer forma de transcendência. O transcendental é uma negação de qual­quer forma de consciência pessoal ou de dualismo sujeito-objeto. Na verdade, expressa um horror a toda forma de dualismo e de limitação. Há apenas um puro plano de imanência. A política e a ontologia são nomes da imanência. A imanência é absoluta: não há nada mais do que ela. É um pensamento que expressa, tam­bém, horror a toda forma de quietude, fixação e moralismo.

A imanência é uma vida para além do bem e do mal. A vida significa potência, movimento e o artigo indefinido é a marca do que é, a uma só vez, impessoal e singular. O indefinido sinaliza uma vida qualquer e no entanto esta e nenhuma outra vida: a indeterminação individual e a determinação singular. Uma vida imanente móbil, cheia de acontecimentos, singularidades também em movimen­to, que atravessam os indivíduos. A ontologia tem mais afinidade com a geogra­fia do que com a história. É mais uma questão de mapas, deslocamentos, regiões, territórios, segmentos e linhas do que de cronologia,

A educação parece habitar uma ontologia contrária, na contramão desta ontologia deleuziana da imanência, do movimento, do singular não individual, da potência, do acontecimento. A educação é um mundo de transcendências, é sempre este e aquele mundo. E também um mundo de indivíduos, onde só conta se foi este aluno ou aquela aluna, João ou Milena, quem adquiriu tal competência, fez o dever de casa ou jogou o giz na professora. Não se trata de dizer ou não dizer João ou Milena, mas da importância que se dá ao dizer João ou ser Milena.

E a educação é um mundo onde dizer João ou ser Milena, onde dizer e ser “eu”, se torna cada vez mais importante. A educação é também a casa do ruim e do bom, permanentemente preocupada em saber se contribui para um mundo melhor ou pior. A educação supõe e afirma uma ontologia moralizante, transcendente, individual. Ela é a negação da vida singular, do acontecimento, da potência. A educação obtura os acontecimentos, é o reino dos dualismos, dos modelos, da disciplina, do controle. Há muita história e pouca geografia em educação.

Um modo de pensar uma política e uma ontologia leva a afirmar uma política e uma ontologia do pensamento. Numa vida de singularidades e acontecimen­tos, importa pensar a diferença em si mesma, e resistir ao que se impõe como imagem de um pensamento dual, sem vida. Pensar a diferença em si mesma significa não conceber a diferença como diferença “com respeito a” qualquer coisa ou a diferença “em” qualquer coisa, mas a diferença enquanto diferença, enquanto intensidade, vitalidade, potência. Significa pensar a diferença como acontecimento do pensar, como aquilo instaurado por um pensamento indócil, potente, singular. Para isso, há que demolir e suscitar linhas defuga na imagem que pressupomos cada vez que pensamos no que significa pensar.

Pensar no que significa pensar leva a pensar na filosofia. Deleuze sugeriu que a história do pensamento ocidental é a história da negação do próprio pensamento. A filosofia, a mãe dos saberes arborizados, é a campeã desta nega­ção, toda ela sustentada e legitimada numa imagem pré-filosófica do que signi­fica pensar. Sim, leram bem: a filosofia tem sido, no Ocidente, a negação do pensamento. Ela é a idiota que parece começar sem pressupostos quando só muda a forma dos pressupostos: de explícitos a implícitos, de objetivos a subjetivos.

A filosofia ocidental tem o pressuposto de uma imagem moral, implícita, nunca declarada, segundo a qual o pensamento tem uma boa natureza e o pen­sador uma boa vontade. Vocês devem se lembrar do início da Metafísica de Aristóteles: “todos os homens desejam, por natureza, saber” ou então o início do Discurso do Método de Descartes: “o bom senso é a coisa mais bem partilha­da do mundo”. A filosofia não pode pensar porque pensa esses inícios como sendo sem moral, sem verdade, sem política, como sendo inícios puros. O pensar filosófico, já Nietzsche o repetia insistentemente, está baseado numa moral escondida.

A imagem dogmática do pensamento afirma um modelo, a recognição. Pen­sa-se numa ontologia de objetos e sujeitos, a partir da unidade do objeto e do sujeito. A unidade pode ser empírica ou transcendental, mas já não é possível pensar sem pressupor a unidade do pensante e do pensamento num universo dual. O empírico e o transcendental aparecem opostos nas unidades objetiva e subje­tiva originárias. O curioso é que essa necessidade que o pensar se coloca a si mesmo se torna obstáculo infranqueável para ele próprio: não é possível pensar porque a partir da recognição só se poderá pensar o reconhecível ou o reconhe­cido e pensar deveras é pensar a diferença livre, a diferença sem sujeitos e objetos, o novo, a intensidade como pura diferença, o que não pode ser reco­nhecido nem reconhecível, num universo livre da unidade de sujeitos e objetos, um universo eximido de dualismos.

Lembram-se do fragmento 18 de Heráclito (“se não se espera o que não se pode esperar não se o encontrará porque ele é inencontrável e sem acesso”)? Como esperar o que se pode esperar? Ninguém espera, deveras, o que se pode esperar se quer encontrar alguma coisa. Como pensar o que se pode pensar?

Ninguém pensa, deveras, o que se pode pensar, se quer encontrar alguma coisa no pensar. Como não esperar o que não se pode esperar, como não pensar o que não se pode pensar? Percebam também os impessoais, a-subjetivos, do fragmento de Heráclito: “se espera”; “se pode esperar”.

Há também, na imagem naturalizada do pensamento, a representação que, pelo menos desde o Teeteto de Platão e os Tópicos de Aristóteles, aniquila a diferença, subordinando-a às formas do mesmo e do semelhante, do análogo e do oposto. E há o erro que concentra, normativamente, tudo o que há de “nega­tivo” no pensamento, expulsando para fora dele outras formas como a besteira e a loucura. E também há a proposição que é designada como o lugar da verdade e faz do sentido algo trivial, dissociando-o do verdadeiro e do falso: a verdade é endida como adequação e não como produção; o sentido é considerado um assunto psicológico ou um formalismo lógico e não uma condição de possibili­dade da produção da verdade; os problemas estão calcados nas proposições e reduzidos às soluções que podem ser propostas; as perguntas são limitadas às respostas esperáveis ou prováveis.

Entretanto, ocorre que o pensar não está dado e há que produzi-lo. É porque estamos desgarrados, violentados, que pensamos, e não por uma presumida boa vontade ou boa natureza. Não pensamos desde sempre. Pensar é um exercício ocasional, genital, advindo de um desgarramento vital inaceitável e com aquela imagem pré-filosófica é impossível que possa emergir o pensar porque é impossível desgarrar-se.

Há que pensar sem essa imagem, contra essa imagem dogmática: sem representação, contra o modelo, para além da proposição. Pensar é experimentar, problematizar, encontrar. Pensar na imanência, sobre planos igualmente traçados, inventados, planos sempre móveis, mutantes. Pensar cada vez o que significa pensar. Pensar os problemas, as soluções, os sentidos, as verdades, a diferença. Pensar sempre, sem pontos fixos, sem quietude. Nunca parar de pensar. Nunca parar o pensar. Movimento do pensar. Nomadismo do pensar. Singularidade do pensar.

De modo que a filosofia, tida como mãe do saber, pressupõe uma imagem dogmática do pensamento que inviabiliza o pensar. Coitada da filosofia, coloca­da como guardiã do pensamento, juíza do que os outros pensam, tribunal da doxa e da razão puras: ela não pode pensar. A filosofia, “o pensar sobre o próprio pensar”, não pensa. E não apenas não pensa; ela impede que as pessoas pen­sem. Paradoxo? Contradição? O que resta aos outros saberes senão a reprodu­ção de uma imagem e a negação do pensamento?

Torna-se então evidente que a educação, pelo menos em certo sentido, não gensa e nega o pensar. Sei que estou dizendo isso a educadores. Eu mesmo sou um educador. E de fato, me perdoem, mas a educação não pensa e nós não pensamos em educação. Sei que vocês estão pensando nos condicionamentos do sistema, nos dispositivos institucionais, nas reformas, nas leis, nos progra­mas. Sim, claro, tudo isso não pensa e não deixa pensar. Mas não apenas por isso nós não pensamos: pressupomos uma imagem do que significa pensar que nos impede pensar. Perdemos há muito tempo, se é que alguma vez a tivemos, a paixão de pensar. Falta-nos garra e fortaleza no pensamento.

Reconhecemos e representamos, mas temos medo de pensar o novo. Medo de não reconhecer o que deve ser reconhecido. Medo de deixar de reconhecer. De não representar o que deve ser representado. De deixar de representar. De não nos encontrarmos com a verdade que deve ser encontrada. De deixar de falar da verdade do mundo. De não estar contribuindo para construir um mundo melhor. De deixar de submeter a diferença a outras lógicas que a dela própria. De surpreendermo-nos num não-lugar. De perguntar o que não pode ser respondido. De responder o que não foi perguntado.

O problema da educação, então, talvez seja um problema político, no sentido afirmado linhas acima. Estamos presos a uma política de modelos, moralizada, a-singular. Já todos “sabemos” a dimensão política da educação: formar cidadãos democráticos, tolerantes, críticos, cidadãos com as competências neces­sárias para se inserir no mercado de trabalho… ou seja, uma política sem nada de potência, sem nada de acontecimentos, sem nada de vida. Na verdade, uma negação da política. Há um pensamento paralisante da política e também uma política esmagadora do pensamento. Há um pensar politicamente homogeneizante, unificador, universalizante. Pensamos como as maiorias, seguindo modelos, para conformar e não para afirmar uma singularidade. Educamos para um pensar majoritário, a-singular, negador do múltiplo. Educamos para controlar, de forma cada vez mais democrática, não presencial e inclusiva. Não apenas não resistimos ao capitalismo, ao mercado e à democracia, como também percebemos a resistência dos outros à nossa forma de legitimar o modelo como uma ameaça. Ameaçados, a ameaça política somos nós.

E temos ainda o ensinar e o aprender. Por que quem imagina que com essa política, essa ontologia e essa imagem do pensamento podemos ser capazes de ensinar ou de aprender alguma coisa? Como alguém poderia aprender num mun­do onde o controle se impõe sobre a vida, o singular é visto como ameaça e a diferença está presa ao mesmo e ao semelhante, ao análogo e ao oposto? Ninguém aprende deveras se não pode ser sede de um encontro com aquilo que o força a pensar. Quem pode aprender quando se determina de antemão que há as boas e as más aprendizagens? Pensa-se que a aprendizagem se dá na reprodução do mesmo ou na relação da representação e da ação, na reunião da “teoria e da práxis” como se diz habitualmente. Assim, a aprendizagem fica presa na unidade dual do sujeito e do objeto, no modelo da democracia não democrática. Mas não há aprendizagem se há reprodução do mesmo, se não há espaço para a repetição complexa e a diferença livre.

Páthei máthos, diziam os gregos: por meio da experiência, o saber. Por isso é tão difícil antecipar como alguém aprende alguma coisa, por quais caminhos alguém encontrou a literatura, a história, o cinema. Por isso não há método para ensinar, pelas mesmas razões que não há método para pensar ou para aprender. Porque só se aprende a partir e por meio da multiplicidade. Ao contrário, quando já se sabe de antemão o que há de ser ensinado ou aprendido, se mata a experiên­cia. Pois bem, a educação está cheia de métodos, metodólogos, dos que já sabem como ensinar, agora, a aprender a aprender.

Contudo, assim como não pensamos, também não ensinamos nem aprende­mos. Não ensinam nem deixam aprender os que pensam que ensinar tem a ver com explicar e aprender com compreender e reproduzir o explicado. Nem os que pensam, mais aggiornados, que nas competências e habilidades “estão os no­vos segredos do ensinar e do aprender. Porque aprender, deveras, é uma experiência algo que não pode ser previsto, antecipado, predeterminado, algo que nin­guém pode julgar pelo outro e que não pode levar, propriamente, o nome de ninguém. Tal como as perguntas que não podém ser previstas, os problemas que não há como determinar, e as soluções que não há como recortar, e que, todos eles, são sem dono e apenas têm o nome da singularidade impessoal que os hospeda.

O aprender está no meio do saber e do não saber. No meio. Para aprender há que se mover entre um e outro, sem ficar para em nenhum dos dois. Aqueles que sabem e aqueles que não sabem não aprendem, não podem aprender. O aprender está no fluir do movimento do pensar, nos prisioneiros que continuam presos na imanência do interior da caverna e não naquele que se libertou para apreender a idéia transcendente. Aprender é uma velocidade, um movimento infinito e ilimitado, Mas não é o discurso da enormidade do saber humano nem a dualidade socrática que nos autoriza a descrevê-lo assim, pois não há deuses que saibam mais do que os seres humanos nem há nada que saber. Há, sim, a possibilidade de unir à diferença à diferença. É isso que significa aprender.

Talvez seja a hora de terminar este trabalho, de interromper um movimento que não pára por aqui. Vocês já perceberam: o importante nunca está no final. Podem voltar ao meio, quantas vezes quiserem. Àqueles e àquelas que tenham acompanhado o movimento e se tenham movido junto com ele desejo-lhes no­vos movimentos, incessantes. Àqueles e àquelas que tenham conseguido en­contrar algo a pensar no seu pensamento, desejo-lhes novos e vibrantes encon­tros. E comemoro com vocês esses movimentos e esses encontros.
Nota de esclarecimento
Este texto, com a ajuda de Tomaz Tadeu na correção do português, é fruto de um encontro com Deleuze. Como diz Deleuze, encontrar é achar, capturar, roubar, e roubar é o contrário de plagiar, copiar, imitar ou fazer como. Qualquer leitor de Deleuze notará que este texto rouba muitas palavras de Deleuze sem citá-las, em particular de Crítica e clínica (Deleuze, 1997), Conversações (Deleuze, 1998), Diferença e repetição (Deleuze, 2000), A imanência: uma vida … (Deleuze, 2002); com Guattari, Mil platôs (Deleuze e Guattari, 1995a, b; 1996a, b, 1997), O que é a filosofia? (Deleuze e Guattari, 1997); e com Parnet, Diálogos (Deleuze e Parnet, 1998). Faz parte da busca de um estilo. Mais um roubo: na busca de um estilo, melhor ser varredor do que juiz.
Referências Bibliográficas 

DELEUZE, Gilles. Crítica e clínica. Trad. brasileira de Peter Pál Pelbart. Rio de Janeiro: Ed. 34, 1997.

___ Conversações. São Paulo: Ed. 34, 1998.

___ Diferença e repetição. Lisboa: Relógio d’ Água, 2000.

___ Imanência: uma vida … ln: Educação & Realidade. Porto Alegre: Faced/UFRGS, v. 2, n.o 2, jul./dez., 2002.

DELEUZE, Gilles e Guattari, Felix. Mil pla/ôs: capitalismo e esquizofrenia. Vol. I. São Paulo: Ed. 34, 1995a.

___Mil platôs: capitalismo e esquizofrenia. Vol. 2. São Paulo: Ed. 34, 1995b.
___Mil platôs: capitalismo e esquizofrenia. Vol. 3. São Paulo: Ed. 34, 1996a.
___Mil pla/ôs: capitalismo e esquizofrenia. Vol. 4. São Paulo: Ed. 34, 1996b.
___Mil platôs: capitalismo e esquizofrenia. VaI. 5. São Paulo: Ed. 34, 1997.
___ O que é a filosofia? Rio de Janeiro: Ed. 34, 1997b.
DELEUZE, Gilles e PARNET, Claire. Diálogos. São Paulo: Escuta, 1998.
*Originalmente publicado em: Dossiê Gilles Deleuze. Educação e Realidade, Porto Alegre, v.27 n.2 p.123-130 jul./dez. 2002.

Fonte: Territórios de Filosofia

agosto 28, 2014

"Jan Saudek o la fotografía como eco del subconsciente" (Hypérbole)

PICICA: "La oscura seducción del mito del subconsciente. Lo que no somos para poder ser. Aquello que desterramos para no mostrar, para, ni siquiera, dejar intuir. Todas las posibles interpretaciones de la realidad que ocultamos a la luz del sol para no ser juzgados, para no revelar unas debilidades y unos miedos que, por otra parte, siempre nos perseguirán. Pero es en el terreno onírico donde se mueven libres, sin etiquetas, y sentimos esa especie de liberación de aceptarnos como somos, de dejarnos invadir por aquello que pudiera parecer perverso, incluso sórdido. Allí convivimos con fantasías oscuras que si bien podrían justificar reproches morales, no tendrían por qué hacernos menos humanos. La sociedad que nos rodea es una construcción y como tal, edifica su sustento en una tabla de valores cuyo anverso queda, inmediatamente, sometido a condena, quemado en la plaza pública. Y es en la represión, en el dolor que subyace de la contención del yo, donde a veces surge el arte más salvaje, el más profundo, el más mordaz." 

Jan Saudek o la fotografía como eco del subconsciente

19 agosto 2014 20:01

La oscura seducción del mito del subconsciente. Lo que no somos para poder ser. Aquello que desterramos para no mostrar, para, ni siquiera, dejar intuir. Todas las posibles interpretaciones de la realidad que ocultamos a la luz del sol para no ser juzgados, para no revelar unas debilidades y unos miedos que, por otra parte, siempre nos perseguirán. Pero es en el terreno onírico donde se mueven libres, sin etiquetas, y sentimos esa especie de liberación de aceptarnos como somos, de dejarnos invadir por aquello que pudiera parecer perverso, incluso sórdido. Allí convivimos con fantasías oscuras que si bien podrían justificar reproches morales, no tendrían por qué hacernos menos humanos. La sociedad que nos rodea es una construcción y como tal, edifica su sustento en una tabla de valores cuyo anverso queda, inmediatamente, sometido a condena, quemado en la plaza pública. Y es en la represión, en el dolor que subyace de la contención del yo, donde a veces surge el arte más salvaje, el más profundo, el más mordaz.
Jan Saudek (Praga, 1935)  experimentó, casi desde la más tierna infancia, el frío tacto del miedo. En ese tiempo, a veces feliz, de toda vida humana, en el que desde la ingenuidad se explica el mundo y el juego simboliza el todo, Saudek luchaba por sobrevivir en el campo de concentración de Theresiendstadt junto a su hermano gemelo Kaja. Cuentan que escapó de milagro de las garras del tenebroso medico alemán Josef Mengele, que gustaba de experimentar sus siniestros procedimientos con individuos tan similares. Es difícil imaginar como se acerca la mirada de un niño a una realidad tan distorsionada, tan mísera, donde los seres queridos desaparecían de la noche a la mañana  y el aura de terror dejaba a su paso una atmósfera mezquina. Pero también, como, años después, la gran esperanza de recuperación, la ideología que iba a suponer la desaparición de los problemas sociales, el comunismo, se hacía con el poder y se convertía en una pesadilla distopica, que amputaba el placer, y cubría las opiniones disidente con todas las connotaciones de la palabra herejía. El discurso se hizo único, las imágenes se hicieron únicas, incluso el arte y la mirada de la sexualidad, estaban sumidas en un linea oficial que no admitía resquicios para la duda. Es en este contexto donde se mueve la obra de Saudek, de donde surge ese simbolismo lucido y transgresor; unas fotografías que quizá son la consecuencia de una rebelión interna contra todo lo vivido.
Cuenta Saudek que su relación con la fotografía cambió cuando se encontró el catalogo de la exposición del MoMa The Family of Man dirigida por Edward Steichen en 1963. Comprendió al verlo el poder de la fotografía como reflejo del mundo, como definición del hombre que habita un tiempo y a la vez lo conforma. Se propuso entonces encontrar la manera de revelar las etapas esenciales del ser humano, sus estadios. Para ello, de forma contraría a muchos de sus contemporáneos, no fotografía, ni busca, el llamado momento decisivo que reside, oculto, en la realidad, sino que lo engendra a través de sus propias composiciones, de sus figuraciones, siguiendo la tradición del Tableau Vivant. Sus fotografías empiezan a mezclar así el enaltecimiento de la libertad, la oposición y crítica a las sociedades totalitarias, de sus primeras imágenes, con un estudio vital, introspectivo, del individuo. Pero quizá el momento determinante para la obra de Saudek, se encuentre a principios de los 70, cuando descubre en su casa un pequeño sótano mohoso, decrépito, que tenía abandonado y lo convierte en su refugio, en el escenario perfecto para que cobren vida todas sus creaciones. El mundo exterior se convierte entonces  en un lugar lejano, nebuloso, y es sustituido por un universo onírico que funciona como caldo de cultivo para desenmascarar los fantasmas que desasosiegan. Saudek recupera la técnica de colorear las fotografías manualmente, una costumbre olvidada por un mal consejo materno (su madre lo había tildado de kitsch y de hortera en el pasado), y empieza a cultivar el erotismo de una manera descarnada, sin tapujos.
Como era de esperar la fotografía de Saudek choca frontalmente con los valores de la Checoslovaquia comunista. Los temas, el enfoque, su alejamiento de cuestiones sociales y políticas, levantan ampollas entre las corrientes artísticas de la época, incluso, entre la policía y las altas instancias del Estado, que registran varias veces su vivienda e interrogan a sus modelos y amigos. Pero su crecimiento fuera de las fronteras era ya imparable. Había algo único y turbador en sus imágenes, un estilo propio, una mirada rebosante de fuerza, ese matiz tan difícil de conseguir en un mundo saturado de expresiones artísticas. Un fuego imposible de apagar.
La sensualidad en Saudek no es canónica. No hay cuerpos perfectos que subir al olimpo del deseo, hay cuerpos que a pesar de los defectos, a pesar del sufrimiento y el desgaste emocional de las contradicciones y las pulsiones reprimidas, siguen conservando el magnetismo de la vida. Hay miedo, hay lujuria, hay pasión, hay muerte, hay ambivalencia. Hay conflicto y expresividad. Nos enfrenta a esa intuición humana de que tras el placer se esconde la desesperación, tras la dulzura, mezquindad, tras la ingenuidad, violencia, tras el amor, un largo periplo en soledad. Nos permite confrontarnos con una libertad ajena a los convencionalismos. Con un subconsciente del que nunca seremos capaces de despojarnos.



 
Jan Saudek es Caballero de las Artes y las Letras por el Ministerio de Cultura de Francia desde 1990 y poseedor del Premio Artis Bohemiae Amicis junto a Milan Kundera y Vladimir Körner por su contribución a la reputación artística de la República Checa.

La oscura seducción del mito del subconsciente. Lo que no somos para poder ser. Aquello que desterramos para no mostrar, para, ni siquiera, dejar intuir. Todas las posibles interpretaciones de la realidad que ocultamos a la luz del sol para no ser juzgados, para no revelar unas debilidades y unos miedos que, por otra parte, siempre nos perseguirán. Pero es en el terreno onírico donde se mueven libres, sin etiquetas, y sentimos esa especie de liberación de aceptarnos como somos, de dejarnos invadir por aquello que pudiera parecer perverso, incluso sórdido. Allí convivimos con fantasías oscuras que si bien podrían justificar reproches morales, no tendrían por qué hacernos menos humanos. La sociedad que nos rodea es una construcción y como tal, edifica su sustento en una tabla de valores cuyo anverso queda, inmediatamente, sometido a condena, quemado en la plaza pública. Y es en la represión, en el dolor que subyace de la contención del yo, donde a veces surge el arte más salvaje, el más profundo, el más mordaz.
Jan Saudek (Praga, 1935)  experimentó, casi desde la más tierna infancia, el frío tacto del miedo. En ese tiempo, a veces feliz, de toda vida humana, en el que desde la ingenuidad se explica el mundo y el juego simboliza el todo, Saudek luchaba por sobrevivir en el campo de concentración de Theresiendstadt junto a su hermano gemelo Kaja. Cuentan que escapó de milagro de las garras del tenebroso medico alemán Josef Mengele, que gustaba de experimentar sus siniestros procedimientos con individuos tan similares. Es difícil imaginar como se acerca la mirada de un niño a una realidad tan distorsionada, tan mísera, donde los seres queridos desaparecían de la noche a la mañana  y el aura de terror dejaba a su paso una atmósfera mezquina. Pero también, como, años después, la gran esperanza de recuperación, la ideología que iba a suponer la desaparición de los problemas sociales, el comunismo, se hacía con el poder y se convertía en una pesadilla distopica, que amputaba el placer, y cubría las opiniones disidente con todas las connotaciones de la palabra herejía. El discurso se hizo único, las imágenes se hicieron únicas, incluso el arte y la mirada de la sexualidad, estaban sumidas en un linea oficial que no admitía resquicios para la duda. Es en este contexto donde se mueve la obra de Saudek, de donde surge ese simbolismo lucido y transgresor; unas fotografías que quizá son la consecuencia de una rebelión interna contra todo lo vivido.
Cuenta Saudek que su relación con la fotografía cambió cuando se encontró el catalogo de la exposición del MoMa The Family of Man dirigida por Edward Steichen en 1963. Comprendió al verlo el poder de la fotografía como reflejo del mundo, como definición del hombre que habita un tiempo y a la vez lo conforma. Se propuso entonces encontrar la manera de revelar las etapas esenciales del ser humano, sus estadios. Para ello, de forma contraría a muchos de sus contemporáneos, no fotografía, ni busca, el llamado momento decisivo que reside, oculto, en la realidad, sino que lo engendra a través de sus propias composiciones, de sus figuraciones, siguiendo la tradición del Tableau Vivant. Sus fotografías empiezan a mezclar así el enaltecimiento de la libertad, la oposición y crítica a las sociedades totalitarias, de sus primeras imágenes, con un estudio vital, introspectivo, del individuo. Pero quizá el momento determinante para la obra de Saudek, se encuentre a principios de los 70, cuando descubre en su casa un pequeño sótano mohoso, decrépito, que tenía abandonado y lo convierte en su refugio, en el escenario perfecto para que cobren vida todas sus creaciones. El mundo exterior se convierte entonces  en un lugar lejano, nebuloso, y es sustituido por un universo onírico que funciona como caldo de cultivo para desenmascarar los fantasmas que desasosiegan. Saudek recupera la técnica de colorear las fotografías manualmente, una costumbre olvidada por un mal consejo materno (su madre lo había tildado de kitsch y de hortera en el pasado), y empieza a cultivar el erotismo de una manera descarnada, sin tapujos.
Como era de esperar la fotografía de Saudek choca frontalmente con los valores de la Checoslovaquia comunista. Los temas, el enfoque, su alejamiento de cuestiones sociales y políticas, levantan ampollas entre las corrientes artísticas de la época, incluso, entre la policía y las altas instancias del Estado, que registran varias veces su vivienda e interrogan a sus modelos y amigos. Pero su crecimiento fuera de las fronteras era ya imparable. Había algo único y turbador en sus imágenes, un estilo propio, una mirada rebosante de fuerza, ese matiz tan difícil de conseguir en un mundo saturado de expresiones artísticas. Un fuego imposible de apagar.
La sensualidad en Saudek no es canónica. No hay cuerpos perfectos que subir al olimpo del deseo, hay cuerpos que a pesar de los defectos, a pesar del sufrimiento y el desgaste emocional de las contradicciones y las pulsiones reprimidas, siguen conservando el magnetismo de la vida. Hay miedo, hay lujuria, hay pasión, hay muerte, hay ambivalencia. Hay conflicto y expresividad. Nos enfrenta a esa intuición humana de que tras el placer se esconde la desesperación, tras la dulzura, mezquindad, tras la ingenuidad, violencia, tras el amor, un largo periplo en soledad. Nos permite confrontarnos con una libertad ajena a los convencionalismos. Con un subconsciente del que nunca seremos capaces de despojarnos.



Jan Saudek es Caballero de las Artes y las Letras por el Ministerio de Cultura de Francia desde 1990 y poseedor del Premio Artis Bohemiae Amicis junto a Milan Kundera y Vladimir Körner por su contribución a la reputación artística de la República Checa.

Autor



(Madrid, 1988). Ingeniero en sus ratos libres, disfruta de los vicios y sobrevive, quizá, de sus rentas. Procrastinador nato, combate la pereza con literatura, fotografía , cine y rock & roll. Alguien le dijo una vez que se perdiera, y se lo tomó tan al pie de la letra que ya no sabe adónde diablos va. Por ahora, vive en París, porque cuentan que no se acaba nunca, y pensó que así tendría tiempo de encontrarse. Sin prisa. Puedes encontrar su trabajo fotográfico en http://laoscuraseducciondegala.tumblr.com. Es el community manager de www.hyperbole.es

Fuente: Hypérbole