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outubro 28, 2010

"Néstor era un hijo nuestro" (madres argentinas)

PICICA:  Atilio A. Boron también escribe sobre Néstor Kirchner, legados y desafíos. Lectura imprescindible.
Néstor Kirchner - imagen postada en pbrasil.wordpress.com
Néstor Kirchner, un pilar de Nuestra América




“Quienes lo conocimos y batallamos junto a él lo recordaremos como uno de los grandes pilares en esta nueva hora de América”
Hugo Chávez Frías.
“Las madres argentinas sentimos en este momento el mismo dolor que cuando se llevaron a nuestros hijos durante la dictadura, porque Néstor era un hijo nuestro”
Hebe de Bonafini.

En las primeras horas de la mañana del miércoles 27 de octubre, fallecía en su casa de Los Sauces, Río Gallegos, el ex presidente y diputado nacional, Dr. Néstor Carlos Kirchner. Por lo que se sabe hasta el momento, una serie de paros cardíacos derivaron en su muerte súbita.

Kirchner, presidente de la República entre 2003 y 2007, había sufrido dos internaciones previas, el 8 de febrero y el 11 de septiembre de este año.

Pese a ello, su repentino deceso, a los 60 años de edad, convulsionó a la sociedad argentina y suscitó la consternada solidaridad de diversos líderes regionales y mundiales.

Doce años gobernador de la austral provincia de Santa Cruz, Néstor Kirchner saltó a la política nacional luego de la crisis de 2001 – 2002. En las presidenciales de 2003, accedió a una segunda vuelta contra el ex presidente Carlos Menem arañando apenas el 22%. Menem, sin embargo, consciente de la magnitud de la derrota que le esperaba, no se presentó.

De ese modo peculiar, un dirigente casi desconocido a nivel nacional, de una pequeña localidad del sur del país, llegaba a la primera magistratura de la República.

El panorama no podía ser más desolador. Carente de una base de sustentación independiente, Kirchner enfrentaba los coletazos de una espectacular crisis económica, política y social. Con el desempleo rondando el tercio de la población y la pobreza superando largamente la mitad, muchos le pronosticaron un futuro breve al frente del gobierno nacional.
Claramente, no lo conocían.

Con voluntad decidida, arrojo y atrevimiento, Kirchner encaró la renovación de la Corte Suprema de Justicia, donde predominaba la “mayoría automática” ligada al menemismo. También encaró una profunda reestructuración de las Fuerzas Armadas. Antes de cumplir un año en el poder, ya había dado impulso político decisivo a la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, y ordenaba descolgar los cuadros del ex presidente de facto Jorge Rafael Videla del Colegio Militar.

A esas alturas, el kirchnerismo mostraba un fuerte repunte en la economía, que se replicaba en el crecimiento del empleo, la baja de la pobreza y de la indigencia y el crecimiento del consumo y la inversión.

Pero la iniciativa política del presidente no dejaba margen ni respiro. La renegociación de la deuda externa culminaba con un inusitado éxito en marzo de 2005. Ese mismo año, pero en octubre, Kirchner alcanzaba la medida de su independencia política, cuando su esposa, la senadora Cristina Fernández, vencía con facilidad a los candidatos del duhaldismo.

Y todavía quedaba tiempo para más, pues sobre el cierre del año, la Argentina anunciaba su decisión soberana de pagar por adelantado toda la deuda al Fondo Monetario Internacional, terminando de este modo con la grosera injerencia de los organismos multilaterales de crédito en los asuntos internos del país. Menos de un mes antes, la tarea mancomunada de Néstor Kirchner y Hugo Chávez en la cumbre de Mar del Plata forzaba el fracaso definitivo de las iniciativas continentales de libre comercio fomentadas por los Estados Unidos.

Y así, en apenas dos años, todas nuestras discusiones habían sido reformuladas; nuestras teorías, desafiadas; nuestras esperanzas, superadas. La Argentina se embarcaba en el lustro de mayor crecimiento de su historia, consolidaba y ampliaba los alcances de su ciudadanía, daba pasos decisivos en la consolidación de un rumbo que poco tiempo atrás hubiese parecido impensable. Néstor Kirchner había borrado la frontera de lo imposible, y ahora todo podía suceder.

Tras la rotunda victoria de su esposa, Cristina Fernández, en las elecciones de octubre de 2007, Néstor Kirchner pasó a un no tan cómodo segundo plano, y pese al declive electoral de su fuerza política, producto del conflicto agropecuario y la enajenación de amplios sectores de las clases medias metropolitanas, las medidas trascendentes continuaron: la estatización de los fondos privados de pensión, el establecimiento de la asignación universal por hijo, la promulgación de la ley de servicios de comunicación audiovisual son sólo algunas de las marcas de un tiempo indeleble.

Le tocó irse hoy, 27 de octubre, el mismo día en que el país del Bicentenario dejaría, a través del Censo Nacional, una foto tan distinta de aquella de 2001, una foto tomada por Néstor Carlos Kirchner.

Ezequiel Meler es Profesor de Historia, UBA.


Fuente: Rebelión

junho 29, 2010

Congreso de Comunicación Alternativa

La Facultad de Periodismo y Comunicación Social – Univ. Nacional de La Plata, UNLP, La Plata, Argentina invita al:

Congreso de Comunicación Alternativa: Medios, Estado y Política COMEP

20 Y 21 DE OCTUBRE 2010

En un contexto histórico político donde las distintas sociedades latinoamericanas ponen en discusión la impronta político cultural neoconservadora, una revisión profunda incluye los procesos de producción
y reproducción del conocimiento.

En Argentina, nos encontramos ante una oportunidad histórica de discusión de las políticas públicas comunicacionales a partir de la reciente sanción de la Ley de Servicios Audiovisuales. Trabajar en una nueva agenda de discusiones latinoamericanas destinadas a un programa regional de formación de comunicadores sociales y periodistas en pos de sociedades inclusivas es uno de los objetivos centrales de este congreso.

Fecha límite para presentación de resúmenes: 08 de Agosto
Fecha límite para la presentación de ponencias: 17 de Septiembre

Mesas de Trabajo
1. Comunicación y Políticas Públicas
2. Ley de servicios audiovisuales: antecedentes, discusiones y prospectiva
3. Los medios y las implicancias en la trama sociocultural
4. Los medios frente al avance tecnológico
5. Movimientos sociales y de comunicación: estrategias
6. Periodismo y Periodistas: responsabilidad civil y ética periodística en las sociedades contemporáneas
7. Comunicación, política y medios: construcción de las agendas
8. Los medios de Comunicación en América Latina: la vinculación de los medios con los procesos políticos
9. Usos sociales de los medios

10. Experiencias y prácticas de comunicación alternativa

* Para mayor información:
Web: www.congresocomep.wordpress.com

Correo: comep@perio.unlp.edu.ar

junho 16, 2010

El anarquismo en los '70 en Córdoba


charla - debate
El anarquismo
en los '70 en Córdoba

las experiencias de militancia barrial, estudiantil y sindical



“…existía un generalizado hálito de ruptura con las organizaciones y el discurso clásicos del anarquismo; las que entonces parecían pensadas para un tiempo distinto y anterior y que, a comienzos de los años 70, se veían enfrentadas a una dramática disyuntiva: renovarse o perecer. Esa renovación, por supuesto, debía dar cuenta de la realidad inmediata y, en el espacio latinoamericano, no podía menos que incorporar de un modo o de otro la influencia de la revolución cubana y de las guerrillas que, a su influjo, se crearon aquí, allá y acullá. En Argentina, además, era preciso partir de un doble reconocimiento: no sólo el anarquismo había perdido en el movimiento obrero la fuerza arrolladora qu e tuviera en los mejores tiempos de la FORA sino que ese mismo movimiento obrero había encontrado en el peronismo su corral de ramas y el drástico límite ideológico de sus manifestaciones autónomas. Las alternativas no sobraban, pues. Siendo simples y esquemáticos: o se optaba por una prédica ‘purista’ para un circuito cerrado y endogámico o se desplegaba un esfuerzo concienzudo de integración a la agitación social real. Éste último sería el campo elegido y ello fue así por cuanto aquellos jóvenes se sintieron alentados por algunas expectativas no precisamente menores: un sindicalismo de base que se mostraba como una virtual línea de fuga respecto a la impertinente burocracia peronista; un movimiento estudiantil remozado y en estado de asamblea permanente; una ‘nueva’ izquierda en situación de ruptura con el reformismo y, a l menos en apariencia, también intencionalmente distanciada de los dogmas, rigideces y autoritarismos propios de la grey pro-soviética. Por añadidura, por si también hiciera falta un referente auroral, allí estaba el ‘cordobazo’ para alumbrar las posibilidades emergentes del movimiento social que se tonificaba en la Argentina de aquellos años.”
Daniel Barret


sábado 19 de junio19 hs.
Casa de los Trabajadores(Tucumán 367 - Córdoba capital)
organiza:anarquistas de Córdoba

abril 05, 2010

Petição pela punição do assassinato brutal de Silvia Suppo

Petição pela punição do assassinato brutal de Silvia Suppo

Como resposta à brutalidade do assassinato de Silvia Suppo, que testemunhou apontando cada um de seus torturadores em processo que concluiu com a condenação de todos por crime contra a humanidade, professores da Universidade Federal do Rio de Janeiro estão engajados na divulgação de uma petição que condena este crime hediondo e promovaa apuração e punição dos criminosos.

Petição

Denunciamos com veemência o assassinato de Silvia Suppo, dia 29 de março de 2010, em Rafaela, Santa Fe, Argentina, e protestamos com toda força contra este ato de barbárie. Ex presa política entre 1977 e 1980, Silvia Suppo corajosamente reconheceu e denunciou seus algozes, juntamente com outros ex presos políticos, no processo conhecido como “Causa Brusa” que, em dezembro de 2009, terminou na condenação de todos os acusados por crime de lesa humanidade. Testemunha fundamental no julgamento do ex juiz federal Victor Brusa, do chefe da Guardia de Infantería Reforzada, comissário Juan Calixto Perizzoti, dentre outros agentes das forças policiais e da repressão da ditadura militar argentina, como o policial Eduardo “el Curro” Ramos, Silvia Suppo deporia em futuro próximo no processo de sequestro e desaparecimento de Reynaldo Hattemer. Assinamos esta petição em repúdio ao brutal assassinato de Silvia Suppo, ativista dos movimentos de Direitos Humanos na Argentina, e mais uma vítima da ditadura militar e de seu criminoso sistema. Alertamos para a importância da mobilização das consciências democráticas para acompanhar o caso e exigir, das autoridades argentinas, apuração e punição exemplar desse crime que fere, ao mesmo tempo, a justiça e a democracia da América Latina.

Sincerely,

The Undersigned

http://www.PetitionOnline.com/suppo58/petition.html
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novembro 23, 2009

“El manicomio liberado”

Franco Basaglia
Nota do blog: A imprensa argentina por pouco deixa passar desapercebida a aprovação pela Câmara dos Deputados de uma lei anti-manicomial, a exemplo da que já existe no Brasil. O texto garante os direitos humanos dos usuários dos serviços de saúde mental, proíbe a criação de novos manicômios, estabelece novas regras para os existentes e restringe a internação involuntária. Se lei passar no Senado, e se for totalmente aprovada, irá por fim às práticas de internação indiscriminada. Leia o texto de autoria de Franco Basaglia publicado no jornal Pagina 12. Basaglia é uma das principais referências da luta manicomial na Itália e no mundo. O presente texto faz parte das conferências feitas por ele no Brasil em 1979 em São Paulo. Vale a pena reler suas reflexões sobre a loucura, a sociedade e a emancipação.

* * * * *

“El manicomio liberado”

Fundador de la desmanicomialización en Italia y en el mundo, pronunció en 1979 en San Pablo, Brasil, una serie de conferencias –hoy recogidas en libro– en las que reflexiona sobre la locura, la sociedad y la emancipación.

Por Franco Basaglia *

Es difícil decir si la psiquiatría es por sí misma instrumento de liberación o de opresión. Tendencialmente la psiquiatría es siempre opresiva, es una manera de manifestarse el control social. Si partimos del origen de la psiquiatría, debemos recordar a Philippe Pinel, que a fines del siglo XVIII liberó a los locos de las prisiones; pero desgraciadamente, luego de haberlos liberado, los encerró en otra prisión que se llama manicomio. Empieza así el calvario del loco y el gran destino del psiquiatra. Luego de Pinel, en la historia de la psiquiatría aparecen nombres de grandes psiquiatras; pero del enfermo mental sólo existen denominaciones, etiquetas: histeria, esquizofrenia, manía, astenia. La historia de la psiquiatría es la historia de los psiquiatras y no la historia de los enfermos.

Desde el siglo XVIII, este tipo de relación ligó indisolublemente al enfermo con su médico, creando una condición de dependencia de la cual el enfermo no ha logrado liberarse. Diría que la psiquiatría nunca fue otra cosa que una mala copia de la medicina, una copia en la cual el enfermo aparece siempre totalmente dependiente del médico que lo atiende: lo importante es que el enfermo no se coloque nunca en una posición crítica en relación con el médico.

Cuando el pueblo, en el siglo XIX, comenzó a rebelarse en contra de la autoridad del Estado, se advirtió que quería participar en la gestión del poder y, sobre todo, que el pueblo no era un animal que podía ser dominado fácilmente. Así se pudo distinguir la existencia de dos clases: la de los trabajadores, que no quiere más ser dominada y quiere participar del poder, y la clase dominante, que no quiere ceder espacios. Fueron más de cien años de luchas, de sangre, de guerras civiles: la clase trabajadora conquistó un espacio relevante en nuestros países. Pienso que es fundamental que los médicos y los psiquiatras sepan estas cosas.

El médico que presta asistencia en una comunidad debe saber que en ella están presentes por lo menos dos clases, una que quiere dominar y la otra que no quiere dejarse dominar. Cuando un psiquiatra entra en un manicomio encuentra una sociedad bien definida: por un lado, los “locos pobres” (el sistema de los manicomios públicos en los países industrializados nació para el tratamiento a cargo del Estado de los “locos pobres”; así lo decían las disposiciones legales) y, por otro lado, los ricos, la clase dominante, que dispone los medios para el tratamiento de los pobres locos. Desde esta perspectiva, ¿cómo podemos pensar que la psiquiatría pueda ser liberadora? El psiquiatra estará siempre en una situación de privilegio, de dominio con respecto al enfermo. Desde este punto de vista, la psiquiatría es, desde su nacimiento, una técnica altamente represiva, que el Estado siempre usó para oprimir a los enfermos pobres, es decir: la clase trabajadora que no produce.

Sin embargo, desde la segunda mitad del siglo XX sucedió algo nuevo, que puso al alcance de la psiquiatría instrumentos de liberación. Luego de la Segunda Guerra Mundial el pueblo y algunos técnicos comenzaron a poner en discusión las instituciones del Estado. En los años ’60 hemos visto rebelarse, como en una gran llamarada, a la juventud del mundo entero. En ese levantamiento, nosotros, los técnicos de la represión psiquiátrica, estábamos presentes; dimos nuestro apoyo a esa rebelión. Más tarde, mientras la revuelta de 1968 se perdía en varias direcciones y era reformulada en una suerte de nueva opresión y restauración, hubo una serie de situaciones que unieron las luchas en las instituciones con las luchas de los trabajadores. Hubo ilusiones, pero también certezas. Hemos visto que cuando el movimiento obrero toma en sus manos luchas reivindicativas, de liberación, antiinstitucionales, esta ilusión se vuelve realidad. En Italia, luego de 1968 hubo grandes huelgas en las que los obreros reivindicaron el derecho a la salud, es decir que llevaron su lucha al nivel de las instituciones públicas. Paralelamente algunos técnicos demostraron que el manicomio era un lugar de opresión y de dolor, no de cuidado. Finalmente, en aquellos años y en los siguientes, las mujeres demostraron que la opresión del hombre y de la familia trataba de impedirles tener una subjetividad propia.

Todos estos movimientos han puesto en evidencia la voluntad de afirmación, no sólo como objetividad, sino como subjetividad. Esta es la fase que estamos viviendo, y es un desafío a aquello que somos, a la relación entre nuestra vida privada y nuestra vida como hombres políticos.

Cuando el enfermo pide al médico explicaciones sobre su tratamiento y el médico no sabe o no quiere responder, o cuando el médico pretende que el enfermo se quede en la cama, es evidente el carácter opresivo de la medicina. Cuando el médico, en cambio, acepta el reclamo, entonces la medicina y la psiquiatría se transforman en instrumentos de liberación.

Es en esta cuestión que tenemos que elegir nuestro camino: si preferimos quedarnos en la oscuridad o queremos estar presentes en nuestro tiempo y cambiar, en la práctica, nuestra vida.

Desmanicomio

Después de la Segunda Guerra Mundial, Italia era todavía, en lo económico y cultural, un país campesino. En la década de 1950 comenzó un proceso de cambio determinado por el desarrollo de la sociedad industrial y, consecuentemente, de una clase obrera cada vez más fuerte. En aquellos años iniciamos el trabajo en Gorizia, una pequeña ciudad en la frontera con Yugoslavia. Allí había un hospital con 500 camas dirigido de manera totalmente tradicional; era usual la práctica del electroshock y el shock insulínico; antes que nada, era un hospital dominado por la miseria, la misma que encontramos en todos los manicomios. En cuanto entramos, dijimos: no. Un no a la psiquiatría, pero sobre todo un no a la miseria.

Vimos que, desde el momento en que dábamos respuesta a la pobreza del internado, su posición cambiaba totalmente: dejaba de ser un loco para transformarse en un hombre con el cual podíamos entrar en relación.

Habíamos comprendido que un individuo enfermo no sólo necesita la cura de la enfermedad: necesita una relación humana con quien lo atiende, necesita respuestas reales para su ser, necesita dinero, una familia; necesita todo aquello que también nosotros, los que lo atendemos, necesitamos. Este fue nuestro descubrimiento. El enfermo no es solamente un enfermo, sino un hombre con todas sus necesidades. Por ejemplo, yo recuerdo que después de que abrimos los pabellones en Gorizia, en 1963-1964, todos esperábamos ver cosas terribles. No sucedió nada. Vimos que las personas se comportaban correctamente, pedían cosas muy justas: querían comida mejor, posibilidad de relaciones hombre-mujer, tiempo libre, libertad para salir. Son cosas que un psiquiatra ni siquiera imagina que el enfermo pueda pedir. Sería como si, en una sociedad fundada sobre el puritanismo, una hija le pidiera al padre salir de noche. Eso sería terrible para el padre, ¿no iba a poder saber cuándo su hija volvería a casa? Ocurre lo mismo con el enfermo mental, porque el psiquiatra siempre confundió la internación del enfermo con la propia libertad. Cuando el enfermo está internado, el médico está en libertad; cuando el interno está en libertad, el internado es el médico.

Entonces, cuando empezamos a organizar algo tendencialmente igualitario, vimos, por ejemplo, que un hombre se encontraba con una mujer y no sucedía nada violento. Se enamoraban. Naturalmente, luego podían tener una relación sexual, como sucede en las mejores familias y ¿por qué no habría de suceder en el manicomio liberado? Empezamos a divulgar la experiencia para demostrar que era posible dirigir el manicomio de otra manera. Y todo esto nos llevó también a una reflexión política: los internados pertenecían a las clases oprimidas y el hospital era un medio de control social.

En Gorizia organizamos una comunidad con el objetivo de curar y de mostrar que era posible una vida distinta. Lo sorprendente fue que mucha gente que venía a vernos percibía que la vida dentro de la comunidad era mejor que la vida afuera. Era que dentro de esa comunidad, el egoísmo que domina nuestras vidas era afrontado de otra manera: mi sufrimiento era el sufrimiento del otro. Con este tipo de lógica empezamos.

Después, muchos de los que habían trabajado en Gorizia fueron a dirigir otras instituciones psiquiátricas y así se generaron cuatro, cinco, seis experiencias diferentes. De todos modos, nosotros sabíamos que el manicomio, aun el dirigido de modo alternativo, era siempre una forma de control social, porque la gestión no podía sino estar en manos del médico, y la mano del médico es la mano del poder. Entonces, cuando, en 1971, empezamos a trabajar en Trieste, continuamos la experiencia de Gorizia, pero con el proyecto de eliminar el manicomio y sustituirlo por una organización mucho más ágil, para poder afrontar la enfermedad allí donde tenía origen. Empezamos con un manicomio que tenía 1200 personas y hoy, luego de ocho años de trabajo, no quedó casi nadie en esa estructura. Esas personas procuraron reinsertarse socialmente, con nosotros, con la sociedad, con la comunidad.

Podríamos decir que somos personas que transforman en oro lo que tocan, aunque en realidad nuestro trabajo fue muy simple. Como ya dije, en Gorizia descubrimos que la clase trabajadora, en caso de enfermedad, era destinada al manicomio. Entonces, pensamos que esta clase debía tener responsabilidades y poder en la gestión del problema de la salud y que esto podría cambiar las cosas. Por ejemplo, la discusión sobre cuándo se podía dar de alta a un paciente no era sólo entre nosotros, los médicos, sino también con las personas del barrio donde el enfermo iba a ir a vivir. De esta forma, el vecino del barrio se daba cuenta de que las necesidades del paciente no eran distintas a las suyas. Ante el problema de dar de alta a una persona pobre, que no tenía dinero ni casa, ni familia, muchos percibían que estaban o que podían llegar a estar en las mismas condiciones. Comenzaba así la identificación entre el sano y el enfermo, y el inicio de la integración del enfermo.

Entonces, día a día, año a año, paso a paso, desesperadamente, encontrábamos la manera de llevar al que estaba adentro, afuera, y al que estaba afuera, adentro. En la medida en que el número de los internados disminuía, íbamos creando en la ciudad los centros de salud mental. Teníamos una estructura externa muy ágil, en la cual la enfermedad se enfrentaba fuera del manicomio. Y veíamos que los problemas referidos a la peligrosidad de los enfermos comenzaba a disminuir: empezábamos a afrontar, no ya una “enfermedad”, sino una “crisis”.

Hoy nos es evidente que cada situación que nos llega es una crisis vital y no “una esquizofrenia”. En aquel momento, ya veíamos que aquella “esquizofrenia” era la expresión de una crisis, existencial, social, familiar, no importa cuál. Una cosa es considerar el problema como una crisis y otra cosa es considerarlo como un diagnóstico: el diagnóstico apunta a un objeto, y la crisis a una subjetividad; subjetividad que a su vez pone en crisis al médico.

He hablado de manera muy general del camino que hicimos para tratar de eliminar el hospital psiquiátrico y crear una situación tendencialmente terapéutica. No puedo decir más que “tendencialmente”, porque no puede ser plenamente terapéutica: yo trato de curar a una persona, pero no puedo tener la certeza de si la curo o no. Es lo mismo que cuando digo que amo a una mujer: es muy fácil decir esto, pero en algún sentido es falso, porque el hombre tiende a un tipo de relación y la mujer a otro; la relación que se crea entre los dos no es más que una crisis, es una crisis en la que hay vida, siempre que no haya dominación del hombre sobre la mujer o de la mujer sobre el hombre. En una situación que es tendencialmente de amor, se puede crear una relación muy libre.

* Extractado de La condena de ser loco y pobre. Alternativas al manicomio, de reciente aparición, que reúne conferencias pronunciadas en San Pablo, Brasil, en 1979.

Fonte: Página/12
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