PICICA: "Silvia Federici, autora del libro Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria,
nos explica qué significó la caza de brujas para el capitalismo y los
procesos de expropiación de los cuerpos, los saberes y la reproducción
de las mujeres. La entrevistó Manel Ros."
Manual Caça Bruxas Malleus Maleficarum
Silvia Federici: “La cadena de montaje empieza en la cocina, en el lavabo, en nuestros cuerpos”
Silvia Federici, autora del libro Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria, nos explica qué significó la caza de brujas para el capitalismo y los procesos de expropiación de los cuerpos, los saberes y la reproducción de las mujeres. La entrevistó Manel Ros.
¿Por qué crees que era necesario un libro sobre las brujas y la caza de brujas?
El libro sobre las brujas nace como parte
de la búsqueda que empecé en los 70, búsqueda que estaba conectada con
los debates que tenían lugar en el movimiento de las mujeres. Había
debates sobre el origen de la discriminación de las mujeres, las razones
sobre la diferente posición de las mujeres en la sociedad capitalista
respecto a los hombres. Antes que nada quería entender por qué las
mujeres todavía están discriminadas. Tenía una teoría, pero estaba
interesada en demostrar que esta discriminación no estaba basada en la
tradición, sino que, de hecho, es algo que fue construido en las
sociedades capitalistas. Dicho de otro modo, el patriarcado no es un
legado del pasado, sino que más bien ha sido refundado por el
capitalismo.
Yo formaba parte de una organización de
mujeres, como Maria Rosa Dalla Costa o Selma James, entre otras, que
habíamos desarrollado la teoría y veníamos de una tradición
anticapitalista, marxista, de lucha de clases, pero teníamos una
posición crítica respecto a la clásica interpretación marxista de la
posición de las mujeres en la sociedad. Nuestra visión era que las
mujeres están discriminadas en el capitalismo, no por el sistema
productivo que crea la división del trabajo, y no porque el trabajo que
hacen no sea importante, sino porque el trabajo no es remunerado.
Desarrollamos la idea de que, en el
capitalismo, existe una organización del trabajo que tiene dos
componentes: la producción de mercancías y la de fuerza de trabajo para
el mercado. Las mujeres llevan a cabo la producción de la fuerza de
trabajo, y la discriminación viene del hecho de que este trabajo se ha
vuelto invisible. Así que el poder social, por muy limitado que sea, que
tiene el trabajador masculino, debido a que cobra un sueldo y que su
trabajo está reconocido, no lo tienen las mujeres. Pero la realidad es
que, si observamos el capitalismo a través del trabajo asalariado, que
incluye trabajo asalariado y trabajo no asalariado, veremos como la
relación salarial es mucho más compleja que si sólo tenemos en cuenta el
trabajo asalariado, puesto que el trabajo asalariado incluye también
mecanismos de exclusión; incluye, como de hecho dice Marx, mecanismos
para la extracción de trabajo no asalariado.
En el caso de las mujeres, de alguna
manera este trabajo es el más importante porque crea a las personas que
trabajan, ya que no puedes hacer coches si no tienes quien los haga.
Nosotros decimos que la cadena de montaje empieza en la cocina, en el
lavabo, en nuestros cuerpos. El capitalismo ha entendido esto, puesto
que es el sistema de explotación que más que cualquier otro ha
enfatizado la importancia del trabajo. Así que tiene muy claro que las
mujeres son el sujeto productivo más importante, pero para mantener esta
producción de la forma más barata posible, este trabajo se ha hecho
invisible. Quise estudiar la historia para tratar de comprenderlo,
empezando por el siglo XIX y después más atrás, donde me encontré con la
caza de brujas.
¿Qué descubriste cuando te adentraste en el estudio de la caza de brujas?
Fue un choque, porque conocía a las
brujas, pero siempre había sido una historia que nunca sabías si había
sido real o una fantasía. Pero cuando empecé a estudiarlo e
investigarlo, me di cuenta de que me estaba enfrentando a un fenómeno
que era extremadamente importante y que, además, se dio de forma
simultánea con el cercamiento (enclosure en inglés), la expulsión del
campesinado de sus tierras, el proceso de colonización y el comienzo del
tráfico de esclavos.
Todo esto hizo que me diera cuenta de que
todo este proceso era fundamental para el desarrollo de la sociedad
capitalista, de que era uno de sus fundamentos más importantes. Es
interesante, también, porque muchos de estos procesos están basados en
la exterminación: del sujeto colonial, de la gente africana que sufrió
el tráfico de esclavos y también de las brujas. Entendí que todos estos
fenómenos están conectados, y que son parte de la acumulación
capitalista, de la acumulación de la clase trabajadora, de la
acumulación de fuerza de trabajo. Esta fue la perspectiva desde la cual
empecé a mirar la caza de brujas, y que me llevó hacia muchos caminos y
muy diferentes.
Empecé a entender que el desarrollo del
capitalismo, como fue descrito por Marx, tenía que, no ya ser reescrito
-porque creo que el trabajo de Marx es muy acertado y muy potente,
además de muy útil para estos días, de hecho pocas cosas se podrían
cambiar-, sino apuntar a otra historia que Marx no vio.
Tú has estudiado mucho a Marx y
hablas mucho de él en tu libro, pero a la vez dices que Marx no vio la
historia desde el punto de vista de las mujeres. ¿Qué podemos aprender
de Marx y qué tenemos que reformular?
Para mí, lo más importante de Marx es su
teoría sobre la explotación, la importancia que da al salario, no sólo
lo que significa a nivel de tener dinero, sino también lo que significa
cuando se trata de organizar la sociedad, de organizar no sólo la
fábrica habitual, sino también la fábrica social. A la vez, su
explicación de la acumulación primitiva u originaria continúa siendo
fundamental. Marx todavía nos sirve para explicar hoy en día qué pasa en
el mundo con respecto al desarrollo capitalista, pero la base del
trabajo de Marx era que, bajo el capitalismo, el sujeto revolucionario
sería el trabajador asalariado, y que la lucha por la transformación del
mundo y por la transición al comunismo tendría lugar en el terreno del
trabajo asalariado.
Pero Marx no tenía un conocimiento
profundo del proceso que se da en el capitalismo y que produce la fuerza
de trabajo. Si leemos el primer volumen de El Capital de Marx sobre la
teoría de la plusvalía, donde describe la producción de fuerza de
trabajo, encontraremos que la forma en que describe la producción es
extremadamente limitada y reducida. Para Marx, la producción de la
fuerza de trabajo está totalmente limitada dentro de la producción de
mercancías. El trabajador tiene un salario, con el salario compra la
mercancía, la utiliza y se reproduce a sí mismo, en ningún caso sale del
círculo de la mercancía. Por lo tanto, toda el área del trabajo
reproductivo, que es tan importante y vital para las sociedades
capitalistas, y toda la cuestión de la división sexual del trabajo, está
totalmente ausente. Es importante señalar que el hecho de ver todas
estas otras áreas no significa incluir un quinto capítulo en el primer
volumen de El Capital.
De hecho se dice que tu libro es la parte no escrita de El Capital de Marx…
Creo que si así fuera sólo añadiríamos
cosas, pero de lo que se trata es de repensarlo de forma conjunta.
Siempre digo que lo que he intentado hacer no es escribir la historia de
las mujeres en el capitalismo, sino la historia del capitalismo desde
el punto de vista de las mujeres y la reproducción, que de hecho es muy
diferente. Si escribes la historia de las mujeres en el capitalismo,
dices: de acuerdo, tenemos la historia de los hombres y ahora haremos la
historia de las mujeres, pero escribir la historia del capitalismo y de
su origen desde el punto de vista de lo que les pasa a las mujeres o lo
que pasa con la reproducción, que para mí están muy conectadas la una
con la otra, hace repensar todo el conjunto desde otra perspectiva.
El trabajo contractual dentro del
capitalismo está acompañado de una cantidad inmensa de trabajo no libre,
no asalariado y no contractual. Es entonces cuando empiezas a entender
por qué a través de la historia del capitalismo tienes colonización de
una forma continuada, igual que las diferentes formas de esclavitud.
Aceptar que el trabajo no libre y no asalariado es fundamental, y que no
sólo tiene como objetivo extraer riqueza de la gente trabajadora, sino
también una forma de organizar la sociedad, es muy importante. La
supervivencia de las relaciones no libres es algo fundamental y forma
parte del maquillaje genético de las sociedades capitalistas. Mirando el
capitalismo desde el punto de vista de la reproducción, lo que yo
denomino la reproducción de la fuerza de trabajo ha sido muy importante
para llegar a entender el capitalismo, y esto es algo que no encuentras
en Marx.
Volviendo al libro, hay un
momento en que argumentas que, durante la Edad Media, la división del
trabajo no comportaba necesariamente la opresión de las mujeres.
En muchas sociedades, antes de los
procesos de colonización, los hombres y las mujeres tenían tareas
diferentes, y existía una división de las tareas. De hecho, en muchas
sociedades, por ejemplo en Nigeria, los hombres y las mujeres trabajaban
en la agricultura y unos y otras plantaban cosas diferentes y se
organizaban de formas diferentes. Incluso hay casos en que los hombres y
las mujeres utilizaban palabras propias. De este modo, las mujeres no
dependían de los hombres, tenían acceso a sus propias cosechas y las
utilizaban para auto subsistir si era necesario. Así que el hecho de
hacer tareas diferentes no implica automáticamente grados de poder
diferentes: la cuestión es qué valores están asociados a estas
diferencias.
Tuvimos muchos debates en el movimiento
feminista sobre la clase de sociedad que queríamos. ¿Queremos una
sociedad donde no se utilice la categoría hombre o mujer? ¿O queremos
una sociedad que tenga alguna forma, no de especialización, pero sí de
diferenciación, porque después de todo las mujeres tenemos la capacidad
de tener hijos o hijas? Tal como yo lo veo, las diferencias no son el
problema, el problema es la jerarquía. La jerarquía hace que las
diferencias se vuelvan una fuente de discriminación, de devaluación y de
subordinación. No es necesario construir una sociedad donde no hayan
diferencias; y quizás decidamos que algunas diferencias son buenas.
También hablas sobre como la
acumulación primitiva de capital, también supuso la acumulación y la
división de las diferencias, no sólo en la clase trabajadora, sino
también con respecto a género, etnia y edad.
Marx dijo varías veces que cuando
hablamos de acumulación primitiva, de lo que realmente estamos hablando
es de la acumulación de trabajo. Lo que hace el capital en su primera
fase de desarrollo es la acumulación de la clase trabajadora. Otro
aspecto de la acumulación es la división, la acumulación de la división,
que es el momento fundacional del racismo y del sexismo. Yo siempre
insisto una y otra vez en la importancia de esto, incluso hoy en día. El
hecho de que el capitalismo pueda organizar diferentes regímenes de
trabajo ha sido una de las armas más poderosas que ha utilizado para
parar los procesos revolucionarios. Primero, porque divide a la gente,
segundo, porque puede utilizar algunos grupos a los cuales delega poder,
como, por ejemplo, delegando poder en los hombres para controlar el
trabajo de las mujeres. Otro ejemplo: a través del uso del salario, el
capitalismo ha podido esconder muchas áreas de explotación, como el
trabajo doméstico, y hacerlas aparecer como naturales. La construcción
ideológica de las diferencias está estrechamente relacionada con la
construcción material.
¿Podemos decir, entonces, que los hombres se benefician del trabajo de las mujeres?
Sí y no. La delegación del poder tiene
una función importante para el capitalismo, una función también desde el
punto de vista del hombre trabajador asalariado. El trabajo
reproductivo ha reproducido al trabajador hombre, permitiéndole no
volverse loco mientras no trabaja y poderse presentar al puesto de
trabajo en condiciones día tras día. Por lo tanto, hay una reproducción,
pero también es una reproducción para el mercado de trabajo.
El trabajo reproductivo tiene este
carácter relacionado con el trabajo, pero a la vez, si miras la historia
de las luchas de las mujeres referentes al trabajo reproductivo,
podemos ver dos dimensiones: la reproducción del individuo para el
mercado de trabajo y a la vez, la reproducción de la lucha. Entender el
carácter del trabajo reproductivo ha permitido a las mujeres rechazarlo,
porque reconoces que sí, reproduces a tus hijos, algo muy importante,
limpias los platos, la ropa, les das de comer, pero en esta reproducción
está también la disciplina, la cual también reproduces.
El capitalismo ha organizado, a través
del trabajo, las relaciones entre la producción para el mercado y la
reproducción, el trabajo de los hombres y de las mujeres, de tal manera
que la mujer se ha transformado en la sustituta de la tierra que han
perdido los hombres, convirtiendo a la mujer en los nuevos comunes. El
capitalismo ha permitido a los hombres utilizar el trabajo y el cuerpo
de las mujeres como un gran común. A corto plazo hay un beneficio
inmediato, pero hay una gran pérdida a largo plazo. Hay un beneficio
inmediato porque hay una reproducción, pero entonces te reproduces de
una manera concreta que a la larga conforma un tipo de esclavitud al
mercado de trabajo capitalista.
Hay un debate también dentro del
movimiento feminista sobre la cuestión de si las mujeres tendrían que
tener un salario por el trabajo doméstico. ¿Qué piensas?
Estuve cinco años en una organización que
llevó a cabo una campaña internacional que luchaba a favor de un
salario para el trabajo doméstico. En 1972 en Italia fundamos un
colectivo internacional bajo el nombre de Colectivo Feminista
Internacional, con el cual lanzamos la campaña internacional Salario por
el Trabajo Doméstico (Wages for Housework). Lo que decíamos era que el
salario para el trabajo doméstico es muy importante.
Antes que nada tiene muchas funciones. Es
diferente cuando el trabajador asalariado lucha por mejoras salariales y
cuando el esclavo lucha por un salario, y hacíamos esta analogía entre
el ama de casa y el esclavo, porque antes que nada estamos haciendo
visible el trabajo que se hace, puesto que la invisibilidad ha sido una
de las causas fundamentales de nuestra opresión. Así que lo primero era
hacer visible nuestra explotación, dejando claro que esto es trabajo, es
trabajo que produce capital. De este modo, cuando pedimos un salario
por el trabajo doméstico estamos creando un espacio de lucha, haciendo
visible la explotación y haciendo visible nuestra relación con el
capital y el estado, saliendo de la realidad del trabajo doméstico,
saliendo de la idea de que el trabajo doméstico es un servicio personal.
Segundo, la falta de dinero por el trabajo que hacemos nos convierte en
dependientes de los hombres, así que trabajas, pero después tienes que
pedir dinero para vivir.
El salario para el trabajo doméstico
permitiría a las mujeres tener algún tipo de autonomía económica de los
hombres, no del capital, y esto, de hecho, ya sería un cambio importante
en las relaciones con los hombres y la sociedad. Tercero, cuando salen a
buscar un trabajo, muchas veces las mujeres consiguen trabajos
relacionados con el trabajo doméstico y, acostumbradas a hacer este
trabajo gratuitamente, es más probable que acepten salarios más bajos.
Así que luchando por un salario para el trabajo doméstico se rompen toda
una serie de dependencias, invisibilidades y naturalidades a la vez que
se abre un espacio de lucha. No lo vemos como un fin en si mismo, sino
como un movimiento de una lucha más general donde podemos conseguir
involucrar a muchas mujeres, porque, aunque no hagamos trabajos
domésticos, todas somos amas de casa de alguna manera, puesto que cada
mujer es vista de una manera concreta debido a este trabajo. Para
nosotras, la idea de que el trabajo doméstico institucionaliza a la
mujer en casa no era válida: es la falta de dinero, de autonomía, la que
la mantiene encerrada en casa.
En tu libro hablas también del concepto del patriarcado del salario.
El capitalismo ha cambiado el mundo de
arriba abajo, cambiando muchas cosas. Para el capitalismo, las
diferencias de poder que existían entre los hombres y las mujeres eran
de una gran utilidad, pero esta diferencia y la forma en que las
diferencias estaban organizadas no es una cosa que hayan cogido
directamente del pasado, sino que la han reconstruido. Una de las
cuestiones más importantes en esta reconstrucción ha sido el salario.
Quizás esto forma parte de mi conexión con el operaismo de Italia y el
análisis político del salario, que critica el leninismo y la
diferenciación entre la cuestión económica y política, la idea de que el
salario sólo es una cuestión económica, en vez de ver que el salario es
una forma política de organizar la sociedad.
El término patriarcado del salario surge
al analizar el hecho de que, bajo el capitalismo, muchas de las
diferencias que promueven las discriminaciones entre hombres y mujeres,
pero también entre colonizadores y colonizados, han sido organizadas a
través del salario. El salario ha sido el apoyo material, el
instrumento, con el cual se han construido las jerarquías, y se ha
convertido en el punto clave del contrato social con el cual el capital
reconoce al trabajador, o lo utiliza para invisibilizarlo y
superexplotarlo con la naturalización del trabajo. Con la diferenciación
entre el trabajo asalariado y el no asalariado se ha podido llevar a
cabo una gran acumulación de trabajo no remunerado, pero a la vez ha
sido un instrumento de la construcción de las diferencias. Digo
patriarcado del salario porque es un nuevo tipo de patriarcado, no es el
patriarcado de la Edad media o el del imperio romano, sino que es un
patriarcado que ha sido reconstruido en base al salario.
¿Existe la caza de brujas actualmente?
Tengo una amiga que volvió de Ghana hace
poco y me explicó que, por la noche, en la televisión, hacen unos
programas donde te enseñan cómo reconocer a una bruja. La proliferación
de las sectas pentacostales está haciendo resurgir este tipo de
prácticas, básicamente financiadas por grupos políticos de derechas en
EEUU. Hay un documental muy interesante que salió el año pasado, llamado
The Witches of Gambaga, que habla sobre los campos de brujas que hay al
norte de Ghana, donde viven mujeres que han tenido que dejar sus
pueblos e ir a vivir allí, acusadas de ser brujas, porque sino las
hubieran matado. Estos campos están financiados por el gobierno, y
cuando han pasado unos años, en algunos casos, las dejan volver a sus
pueblos, pero a otras muchas las matan. Pero no sólo es Ghana, es
también Tanzania, Kenya; también en la India se mata a muchas mujeres
acusadas de brujería.
Tú has participado durante muchos
años activamente en el movimiento feminista. ¿Qué valoración haces de
estos años y cómo ves actualmente al movimiento?
Vengo de los principios del feminismo,
durante los años 60 y 70, y, para mí, entonces, el feminismo era un
movimiento revolucionario que tenía que ser anticapitalista, no sólo de
autonomía respecto a los hombres, sino una autonomía de las mujeres como
parte de una lucha más amplia, siendo también autónomas del capital.
Así que estaba realmente disgustada con el feminismo que quería
autonomía respecto a los hombres, pero no quería una autonomía respecto
al capital.
El 1975 el movimiento de las mujeres
explotó, empezó a tomar unas fuertes connotaciones subversivas y se
extendió mucho a nivel internacional. En el momento en que empezó a
extenderse el nuevo liberalismo, las Naciones Unidas intervinieron y
lucharon para ponerse en el centro del movimiento y para crear un
feminismo neoliberal, para utilizarlo contra las luchas, también las de
los hombres. Por ejemplo, crearon un movimiento de mujeres burguesas que
en África y América Latina luchaban por la privatización de la tierra.
Entonces hay gente que me pregunta, ¿por
qué te consideras feminista? Me considero feminista porque siempre se
apoderan de todo y yo me niego a dárselo todo. Ahora es muy importante
hablar de feminismo de una manera diferente, de tener una concepción
alternativa del feminismo.
Muchas mujeres jóvenes no quieren tener
nada que ver con el feminismo. Algunas porque son liberales y creen que
no lo necesitan, porque las mujeres, hoy en día, hacen lo que quieren.
Otras no quieren ni hablar del tema porque piensan que el feminismo es
una cosa burguesa. Pero creo que todo esto está empezando a cambiar,
porque mientras movimientos sociales, como por ejemplo Occupy, se han
empezado a desarrollar, también se han creado experiencias políticas
masivas que han dado mucho espacio a la reproducción, porque las
personas están juntas en la calle, duermen juntas, preparan comida
juntas.
Es en estas situaciones cuando salen
muchos temas sobre las relaciones entre hombres y mujeres, y muchas
mujeres jóvenes empiezan a darse cuenta de que algunos de los problemas a
los que nos enfrentábamos todavía existen. Hay muchos temas abiertos,
como por ejemplo tener hijos o hijas, cómo se crían, la relación con los
hombres, la cuestión de si existe el género o no, etc. Hay todavía un
gran terreno que se tiene que construir, que se tiene que definir, que
se tiene que luchar. n
Cuatro conceptos sobre la obra de Silvia Federici
Los Comunes
Los comunes son un sistema de gestión que
no es ni público ni privado, en el cual una serie de bienes pertenecen y
son gestionados por una comunidad. Estos bienes pueden ser tanto
materiales (tierras, ríos, etc.) como inmateriales (conocimiento,
cultura…). Los bienes comunales surgen durante el feudalismo, pero hoy
todavía encontramos ejemplos de gestión comunal: en zonas rurales del
Estado español existen tierras y recursos que se gestionan en comunidad.
Cercamientos
Estos mecanismos de expropiación de los
bienes comunes son, para Federici, un rasgo estructural del capitalismo.
Si en Europa, durante la Edad media, el capitalismo avanzó gracias a la
expropiación de las tierras comunales que permitían subsistir al
campesinado, ahora hay políticas, como los planes de ajuste estructural
del FMI, que cumplen con la misma labor, privatizando no sólo tierras
comunales sino también todos aquellos servicios que garantizan la
reproducción social.
Caza de brujas
La cacería y quema de cientos de miles de
brujas en los siglos XV y XVI, en Europa y el Nuevo Mundo, fue tan
importante para el desarrollo de la sociedad capitalista moderna como la
colonización, el comienzo de la esclavitud o la expropiación de las
tierras comunales al campesinado, según la tesis de Federici. La caza de
brujas también constituye un intento feroz de destruir el poder que
habían ejercido las mujeres sobre su capacidad reproductiva, que resulta
demonizado.
Acumulación originaria
Federici desarrolla el concepto acuñado
por Marx para señalar que este proceso intrínseco al capitalismo y
necesario para su nacimiento (concentración previa de capital y de
trabajo, y separación de los trabajadores de los medios de producción)
afectó de forma especial a las mujeres. Este periodo sangriento generó
una nueva división sexual del trabajo: los hombres se encargan del
trabajo productivo y asalariado y las mujeres de tareas reproductivas,
que pasan a ser un trabajo invisible y no pagado.
Fuente: La Hiedra
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